Momento Espírita
Curitiba, 19 de Outubro de 2017
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ícone Intérprete de Dios

El Padre y Yo somos uno. – De esa manera se identificó el suave Rabí de Galilea, presentando Sus credenciales.

Esta frase, apuntada por el Evangelista Juan, sirvió de argumento, de forma equivocada, para que algunos considerasen al Maestro Jesús como el mismo Dios.

Sin embargo, lo que deseaba decirnos el Cristo es que Él interpretaba el pensamiento de Dios en la Tierra. De tal manera comulgaba con el Padre, que sabía expresar exactamente Su voluntad.

Espíritu que ha sido enviado para servirnos de Modelo y Guía, se eligió el intérprete de Dios, utilizando para eso simbologías, parábolas, imágenes figurativas.

Todo eso para darnos una idea aproximada de la infinitud Divina.

Con el fin de ofrecernos la lección de esperanza en la Providencia Divina, que todo lo ve, todo lo provee, a todo está atenta, alzó Su voz para declamar:

Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni almacenan en graneros. Sin embargo, vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No tenéis vosotros mucho más valor que ellas?

Y continuando: Mirad los lirios del campo. Ellos no hilan, ni tejen. Sin embargo, yo os aseguro que ni el mismo Salomón en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.

Entonces, si Dios viste así la hierba del campo, que hoy existe y mañana es lanzada al fuego, hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe.

Para legitimar nuestra filiación Divina, nos enseñó: Uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos.

Y para que entendiésemos la calidad de ese Padre, instruyó: Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

¿Qué padre hay, de entre vosotros, que si su hijo le pide un pescado, en su lugar le dará una serpiente? O si pide un huevo, ¿le dará un escorpión?

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más dará el Padre Celestial a los que le piden?

Sirviéndose de la oportunidad cuando un hombre corrió a Su encuentro y arrodillándose le indagó: ¡Maestro bueno! ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?

Él le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? ¡Nadie hay bueno sino uno, que es Dios!

Maestro de todos los tiempos, testificó la ley del trabajo como Ley Divina, al expresar que el Padre trabaja sin cesar, y yo trabajo también.

¡Jesús! Nadie más grande que Él sobre la faz de la Tierra en todos los tiempos. Intérprete de Dios, nos enseñó la ley del amor, diciéndonos que Dios, el Padre, debería ser amado sobre todas las cosas.

En Su discurso de despedida, aseveró: En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy por delante para prepararos el lugar.

Qué magnífica lección: nuestro regreso será a la casa del Padre, que nos ha creado y nos alimenta con amor. Padre que nos protege, nos guarda y aguarda.

Espera que, hijos pródigos, volvamos a la casa paterna, para que seamos felices en Su seno, todos nosotros, Sus hijos.

Hijos de todas las razas, todas las naciones, todos los credos. Hijos de Su amor. Creados para el amor.

Ojalá apresuremos esos días para nuestra propia felicidad.

Redacción del Momento Espírita.
En 20.2.2017.

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