Momento Espírita
Curitiba, 19 de Agosto de 2017
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ícone La bendición de la vida

El hábito de reclamar de la propia vida está bastante difundido.

Parece siempre haber algo desagradable e injusto en la existencia que se lleva.

A veces es el dinero que falta. Otras veces es la profesión que no nos agrada.

Hay quien reclama de su apariencia, de la familia que tiene, de los problemas de la convivencia.

En casos más graves, puede pasar por la mente la idea de abandonarlo todo.

Ocurre que la vida es una bendición maravillosa.

La Divinidad emplea Sus gracias más pujantes en cada renacimiento que se opera sobre la faz del planeta.

Constituye una profunda ingratitud rechazar la oportunidad recibida del Creador.

Toda reencarnación es precedida de cuidadosos preparativos.

Se traza un mapa del contexto en el que cada hombre y cada mujer se verán involucrados.

Todo con el propósito de que crezcan, aprendan y se liberen de lo que los ata a la ilusión y al sufrimiento.

Amigos dedicados auxilian en la programación con infinito cariño.

La Providencia Divina se deshace en cuidados.

Finalmente, después de mucha preparación y rodeado de expectativas, resurge el ser en el mundo material.

Como él vino a trabajar, será llamado al esfuerzo propio.

Deberá mostrar su valor, superar dificultades y vencer viejos vicios.

Pero siempre rodeado de amor y cuidados.

Sus mentores espirituales lo observan, lo inspiran, lo orientan y lo alientan.

Nadie jamás está abandonado o solitario.

La Misericordia Divina siempre está atenta y operativa.

Ella trata de hacer llegar a cada uno los recursos que necesita.

Puede ser la inspiración en un momento en el cual se duda entre el vicio y la virtud.

O bien la figura de un amigo cuya presencia cálida vuelve la vida más fácil.

O bien un gran afecto que surge de repente.

Absolutamente todos siguen acariciados por el amor de Dios.

Precisan esforzarse, claro.

Pero las oportunidades y bendiciones jamás escasean.

Aun cuando todo parece perdido, es preciso encontrar fuerzas y seguir adelante.

La Providencia Divina posee recursos infinitos y jamás es avara en las  bendiciones.

En el momento adecuado ella se manifiesta de las formas más diversas.

Así, evita reclamar de la vida que llevas.

En especial, no pienses en huir de tus compromisos, en renunciar al escenario del mundo.

Has sido puesto en él con mucho cariño y manos extremadamente amorosas lo sustentan y lo mecen de forma incansable.

Cuando te enfrentes a dolores y desilusiones, entra en contacto con la Divinidad.

Adopta el hábito de la oración, cuenta tus problemas al Creador y ábrete a la orientación que ciertamente vendrá.

Como hijo inmensamente amado, sigues rumbo a un destino angelical.

Sólo necesitas tener el coraje de seguir adelante.

Piensa en eso.

Redacción del Momento Espírita.
En 5.7.2017.

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