Momento Espírita
Curitiba, 17 de Outubro de 2018
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ícone Todavía habrá Dios

Habrá días en los que sentiremos el alma vacía, como un desierto sin vida, sin señal de renacimiento, nada, por lo tanto, que nos indique posibilidades, robándonos la esperanza.

Aun así, habrá Dios.

Habrá días en los que nos sentiremos como si un viento helado hubiese barrido todo, dejando solo la nada, congelándonos el optimismo y la alegría.

Aun así, todavía habrá Dios.

Habrá días en que nos despertaremos de luto, con profunda tristeza, llevando en el alma las pérdidas acumuladas y los dolores del camino recorrido, haciéndonos temer el siguiente paso, la continuación del camino.

A pesar de ello, todavía habrá Dios.

Habrá días en los que la soledad parecerá ser la única compañía en nuestra jornada, como si nada o nadie existiera para compartir con nosotros las dificultades que enfrentamos.

Aunque no lo parezca, todavía habrá Dios.

Siempre habrá días difíciles en los caminos de todos nosotros.

Enfrentarse y enfrentar al mundo no son tareas de poca importancia, o de fácil realización.

Habrá momentos en los que nos asaltará la certeza de que vamos a desfallecer delante de las inmensas montañas que se alzan enfrente.

Algunas de ellas están en nuestro mundo íntimo, esperando nuestras acciones.

Otras, se presentan en los caminos que recorremos, invitándonos a las luchas necesarias.

Es natural que así sea. Como nos lo recuerda Jesús, en el mundo tendremos aflicciones.

Son las aflicciones que nacen de nuestra fe todavía frágil, de nuestro entendimiento limitado del mundo, de virtudes que aún están floreciendo.

Por lo tanto, no nos desanimemos, incluso en los días tumultuosos.

Las aflicciones serán amenizadas, el aprendizaje será construido, las dificultades serán superadas.

Dios no nos coloca en el mundo para que suframos castigos o para que seamos penalizados.

Tampoco espera nuestra infelicidad con los problemas que nos llegan.

Su afectuosidad nos alcanza, de las más diversas maneras y de forma constante.

Al ser Justo, permite que enfrentemos los dolores necesarios solamente cuando tengamos la capacidad y la condición de superarlos.

De esta forma, al llegar estos días, cuando el desánimo invada nuestra alma buscando alojarse de forma permanente, acordémonos de Dios.

Recordemos que Él es Padre y, como tal, Su donación es siempre en favor de Sus hijos.

A pesar de todo y más allá de todo, Dios siempre estará amparándonos, conduciéndonos y guiándonos.

Nadie está o estará abandonado por la Providencia Divina.

Dios vela por nosotros, cuidando nuestros pasos para que sigamos hacia días más felices.

Si Jesús nos alerta de que en el mundo tendremos aflicciones, igualmente nos invita a que tengamos buen ánimo, a que sigamos Su ejemplo, como Modelo y Guía, pues Él venció al mundo.

Por lo tanto, en los días difíciles, acordémonos de Dios. Busquemos Su compañía y Su amparo. Oremos.

Será en el regazo Divino que conseguiremos las fuerzas para enfrentar mejor las aflicciones del mundo porque, por grandes y punzantes que sean nuestras dificultades, dolores, dudas y angustias, siempre habrá Dios sosteniéndonos y guiando nuestros pasos.

 Redacción del Momento Espírita.
En 2.2.2018.

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