Momento Espírita
Curitiba, 21 de Junho de 2018
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ícone Aprendiendo con el profeta de las selvas

Albert Schweitzer, que ha encantado al mundo con su vida ejemplar, demostró, entre otras cosas, que las enseñanzas superiores de la vida pueden y deben ser llevadas a toda la gente, en todos los lugares y en cualquier tiempo.

Para los nativos de Lambarené, en África Ecuatorial francesa, predicaba los domingos.

Él decía: Mis sermones tienen que ser muy sencillos. Tengo que hablar de forma concreta para ser comprendido. Tengo que utilizar ejemplos sacados de sus vidas.

Decía respecto del perdón: Una persona te insulta. Pero Jesús dice que se debe perdonar, y te quedas callado.

Más tarde, la cabra del vecino come los plátanos de tu almuerzo. En lugar de buscar una discusión, le dices solamente que la culpa es de su cabra y que es justo que él te dé otros plátanos. 

Si él no está de acuerdo, sales en silencio, pensando que Dios hace crecer los plátanos con tal abundancia en tu finca, que no tienes necesidad de pelear por tan poca cosa.

Después, un hombre que se llevó tus cuatro cargas de plátanos para vender, solo te da el dinero correspondiente a tres, diciendo que eso fue lo que tú le entregaste.

Tienes ganas de decirle que es un mentiroso. Pero piensas que hay muchas mentiras que solo tú conoces y que Dios tiene que perdonar, y vuelves a tu cabaña sin decir nada.

Cuando vas a encender el fuego, percibes que alguien llevó parte de la leña que recogiste ayer en el bosque. Pero una vez más, obligas a tu corazón a perdonar y dejas de buscar al ladrón para entregarlo al jefe.

Por la tarde, sales para trabajar en el campo, cuando descubres que alguien se llevó tu mejor cuchillo, dejando en su lugar uno viejo, muy mellado, que reconoces.

Piensas que ya has perdonado cuatro veces y puedes perdonar una quinta. Aunque sea un día con muchas cosas desagradables, te sientes feliz.

¿Por qué? Porque tu corazón está alegre, habiendo obedecido la voluntad de Jesús.

Por la noche, te vas de pesca. No encuentras tu antorcha. Te pones furioso y llegas a la conclusión de que has perdonado demasiado. De nuevo, Jesús, el Señor, domina tu corazón. Pides una antorcha prestada y bajas al río.

Llegando allí, no encuentras tu canoa. Alguien se fue a pescar en ella. Te escondes, furioso, tras un árbol, con la idea de tomar todo el pescado del intruso cuando él vuelva, y después entregarlo al comandante del distrito.

Pero mientras esperas, tu corazón repite muchas veces lo que Jesús dijo.

Cuando el hombre vuelve, le dices que Jesús te obliga a dejarlo ir en paz. No le exiges ni el pescado. Creo que él te lo daría, espantado por el hecho de que no quisieras pelear.

Te vas a casa, feliz y orgulloso por haber conseguido perdonar siete veces. Pero si en este mismo día llegara Jesús a tu aldea, y pensaras que Él iría a elogiarte, Él te diría que es preciso perdonar otras siete veces y otras siete, y muchas más, hasta que Dios pueda perdonar tus muchos pecados.

Al final del sermón, les hago juntar las manos y, muy lentamente, hago una breve oración.

Cuando me retiro, mi pueblo se levanta. Se retira con la palabra de Dios viva.

 

Redacción del Momento Espírita, con base en el artículo
Albert Schweitzer, o profeta das selvas ensina, de la
columna
Revivendo ensinos…, del Jornal
Mundo Espírita de octubre de 2016.
En 14.2.2018.

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