Momento Espírita
Curitiba, 19 de Agosto de 2019
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ícone La mujer sol

No la conozco. Jamás la había visto antes y, posiblemente, en esta ciudad por donde transitan miles de personas todos los días, jamás la veré de nuevo.

Ella transitaba por la acera, en sentido contrario al mío. Lo que me llamó la atención fueron sus cabellos color plata, que me puse a admirar.

¿Habrían sido teñidos por los dedos del tiempo o por productos químicos?

Al pasar a mi lado, su rostro se iluminó, en una amplia sonrisa, espontánea. Sus labios se abrieron y dijeron con una agradable entonación: ¡buenos días!

Sentí una vibración de paz invadirme. Un aura de armonía abrazarme. Y, en aquella fracción de segundo en que nos cruzamos, mientras le respondía el saludo, pude ver su rostro.

Las arrugas habían comenzado a dibujar arabescos en líneas suaves, denunciando el pasar de los años. Los ojos claros brillaban en la mañana soleada.

Grabé su expresión en mi memoria.

En estos días de tanto atropello, tanta prisa, enque las personas parecen correr como si desearan recuperar minutos que ya se fueron, encontrar un rostro tan tranquilo,es realmente inusitado.

También lo es encontrarse con alguien que te desee ¡buenos días!Con voluntad, con el sincero deseo de que sea un día muy bueno.

Nada mecánico. Nada convencional.

Seguí mi camino casi en éxtasis, envuelto en las vibraciones armónicas emanadas de aquella expresión fisionómica tan serena.

Me quedé pensando en todas las personas que ella encontraría en su día y a cuántas su presencia, su mirada, su sonrisa o su saludo harían una gran diferencia.

Como lo había hecho conmigo, en unos segundos.

A cuántas ella ofrecería aquel mismo saludo tan especial. Y no pude dejar de preguntarme:

¿Habrá salido de casa con el propósito de iluminar las horas de las personas que encuentre? ¿O aquello será, simplemente, su manera natural de ser en su vida?

*   *   *

¿Cuántos de nosotros tenemos esta capacidad de beneficiar a alguien con nuestra presencia? Capacidad para iluminar el día, alegrar las horas de quien camina a nuestro lado o de quien, simplemente, pasa por nosotros.

¿Cuántos de nosotros tenemos esta virtud de hacer el día de alguien diferente, mejor?

Transformar la bruma en sol, las nubes enclaridad, los problemas en soluciones.

Solo puede ser sol quien tiene rayos de luz dentro de sí.

Solamente puede irradiar serenidad quien ha alcanzado la armonía interior, quien se superó a sí mismo y administra muy bien las dificultades que se le presentan.

Alcanzar este nivel debería ser una meta para nosotros. Desentonar del mundo. Ser irradiadores del bien, de lo bello, de las cosas positivas y grandiosas.

Para ello, nos basta la voluntad, el querer. Por eso, cuando el día canta esperanzas, mientras las horas se renuevan, iniciemos nuestra campaña particular, individual.

La campaña de ser sol en las vidas ajenas.

Redacción del Momento Espírita.
Le 25.3.2019.

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