Momento Espírita
Curitiba, 25 de Fevereiro de 2020
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ícone Madres comprometidas

Las banderas que ellas levantan son diferentes. Las causas que abrazan son las más variadas posibles. Pero, su noble intención es siempre la misma: protección mutua y convertirse en un instrumento útil, en una sociedad tan individualista.

Cada vez más vemos en las redes sociales grupos de madres que se unen para intercambiar experiencias, para defender a las minorías, para exigir derechos en esta o aquella esfera, ofreciendo un gran ejemplo de ciudadanía y fraternidad.

Es suficiente que una de ellas diga que necesita algo, o tenga alguna necesidad especial o de emergencia con respecto a alguien que conoce, y la movilización es inmediata y sorprendente. Todo se logra. Nada es imposible.

Desde alimentos, ropa para niños, objetos, muebles, incluso profesionales médicos que cumplen con una especialidad en particular. En un grupo grande, alguien siempre conoce a alguien que puede solucionarlo.

Y eso no es solo en el campo de las necesidades materiales o de informaciones. También se extiende al campo emocional, ya que se hacen amigas, aunque muchas de ellas no se conozcan personalmente.

Las madres de niños especiales, por ejemplo, que pasan por momentos delicados enfrentando sus primeras experiencias, sin saber cómo manejar eso o aquello, encuentran en las otras compañeras del camino el refugio necesario para saber que no están solas.

Intercambian sus experiencias diarias, indican médicos, terapeutas, juguetes educativos, cursos. Crean una gran base de datos útil para todo el grupo. Todo de forma natural, espontánea, en un clima de mucha amistad.

Las madres con hijos adolescentes, que aún no han descubierto cómo lidiar con ciertos comportamientos, que han probado terapias, conversaciones, castigos, encuentran muy lejos, pero al mismo tiempo tan cerca, a otras madrecitas que pasan por las mismas agonías.

Conversan; intercambian experiencias; se ayudan mutuamente; se escuchan unas a las otras y así encuentran las fuerzas para no abandonar la tarea tan importante que el Creador les ha confiado.

Madres que suscriben peticiones; madres de marchas; madres de reuniones con directores de escuelas; madres de correos electrónicos a políticos; madres que no tienen tiempo para nada, pero que logran tener tiempo unas para las otras.

Todo por el gran amor que dedican a sus hijos.

Eso es fraternidad, eso es la expresión más pura del amor. Ese es el espíritu de la nueva era que se acerca.

Es por ello que las nuevas tecnologías nos han llegado, para que podamos darles un fin noble y útil, en favor de todos.

Busquemos imitar el ejemplo de esas increíbles madres y su inusual disposición para ayudar al prójimo.

El mal todavía nos asusta. Sin embargo, recordemos que el bien, movilizado, será insuperable, cuando lo queramos.

*   *   *

Madre luchadora,

Servir es noble forma de amor.

Y cada segundo dedicado a tu hijo,

Es una pequeña llama que se enciende en tu alma.

Por eso, toda alma de madre es iluminada,

No como la luz de la luna, reflejada,

Sino como la luz de una estrella, conquistada y merecida.

  Redacción del Momento Espírita.
El 17.1.2020.

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