En algún momento, alguien escribió que cuantos más pesimistas haya, mejor será, puesto que serán ellos quienes cambiarán el mundo, ya que, para los optimistas, todo está excelente.
Quien así se manifestó parece desconocer el significado de los términos pesimismo y optimismo.
Pesimismo, según los diccionarios, es la opinión o sistema de quienes consideran que todo es pésimo o esperan lo peor de todo.
Es una tendencia o rasgo de personalidad en el cual la persona contempla la vida y los acontecimientos desde su peor lado, anticipando siempre resultados desfavorables.
El optimismo es una actitud mental caracterizada por la expectativa de resultados positivos y por la confianza en el futuro.
Las personas optimistas tienden a ver las adversidades como pasajeras y creen que tienen control sobre sus acciones para superar los desafíos.
Por lo tanto, el optimista no es un ser pasivo, que nada hace para mejorar la situación. Al contrario, es aquel que percibe que las cosas no están bien, pero sabe que podrán mejorar y hace su parte.
El pesimista, que espera lo peor de todo, no ve ante sí más que abismos y tinieblas. Para él, todo está pésimo y no hay nada que pueda hacerse para mejorar.
Nos viene a la mente una animación infantil que retrata muy bien este tipo de actitud. Se trata de una hiena llamada Hardy, del dúo Lippy y Hardy. Siempre aparece diciendo: ¡Oh, vida! ¡Oh, día! ¡Oh, mala suerte!
Cuando Lippy, su compañero león, la invita a hacer algo, ella inmediatamente expresa su actitud derrotista diciendo: ¡Esto no va a salir bien!
El optimista, por su parte, si percibe que el mar está agitado, que el barco puede naufragar, siempre encuentra motivos para continuar luchando y busca alcanzar el éxito.
De esta manera, es fácil deducir que, para que alguien modifique el mundo para mejor, primero debe creer que el mundo puede ser mejorado.
Ese alguien solo puede ser un optimista, jamás un pesimista, que considera que el mundo es malo y que se encamina hacia algo peor.
Para quienes deseamos el mundo de regeneración, la instauración de la Nueva Era, tan anunciada, es aconsejable tener verdaderos ojos para ver y oídos para escuchar.
Descubrir lo que hoy está mal, lo que lastima al ser humano, y pensar en las acciones que deben emprenderse.
Abrazados por el optimismo, promoveremos el entusiasmo, y el entusiasmo genera confianza en uno mismo.
Mientras el pesimista ve en la semilla enterrada en el suelo solamente la podredumbre, con nuestra visión optimista, percibamos la vida a punto de brotar.
Mientras el pesimista se sienta y observa las sombras que lo rodean, abramos las ventanas de la esperanza y vislumbremos más adelante la claridad que muy pronto habrá de alcanzarnos.
Mientras el pesimista entra, en cada crepúsculo, en el mismo cementerio para lamentar la muerte, escalemos, en cada amanecer, la cerca de un jardín para aspirar el perfume de nuevas flores.
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El optimismo es estímulo para el trabajo, vigor para la lucha, salud para las enfermedades del paisaje espiritual y luz para las densas tinieblas que se prolongan en una victoria momentánea.
Abracemos el optimismo. Transformemos los paisajes tristes del mundo.
Redacción de Momento Espírita, con base en el
libro As forças morais, de José Ingenieros, y en el
glossário Otimismo del libro Repositório de sabedoria,
vol. 2, por el Espíritu Joanna de Ângelis, psicografía de
Divaldo Pereira Franco, ed. LEAL.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 14.10.2026