Momento Espírita
Curitiba, 27 de Fevereiro de 2024
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ícone Cuando vuelva

Tengo la firme convicción de que no hemos vivido una sola vez en esta Tierra bendecida por Dios.

Estoy plenamente convencido de que he vivido muchas experiencias.

¿Cómo explicar, si no de esta forma, que mi corazón late descompasado ante ciertos paisajes del mundo? Paisajes que jamás he visitado en la existencia presente, pero que los contemplo como viejos conocidos.

¿Cómo explicar el hecho que, al escuchar un idioma determinado, distinto del de mi país natal, me agudiza el cerebro y siento como si conociera todas aquellas palabras, que supiera pronunciar todos aquellos vocablos?

Los paisajes, los sonidos, las personas. De repente, todo se va sucediendo en mi mente como múltiples recuerdos. No muy claros, pero no por ello menos auténticos.

Me parece recordar los paisajes de la Galia, con sus cultos, sus creencias, sus sacerdotes druidas.

Un peregrino por el valle del Loira, entre castillos, como si fueran días vividos, sufridos, pasados.

Las pirámides de Egipto, las arenas del desierto, los reyes, los esclavos, las naciones en guerra.

Asia, Oceanía, Europa. ¿Por dónde habré andado en tantas y multiplicadas vidas, entre muchas posesiones o casi en la miseria?

¿Con acceso a las conquistas del intelecto o analfabeto, entre el pueblo ignorado?

¿Cuántas vestiduras habré llevado? De poder o de sumisión. Capas de terciopelo, coronas, harapos que apenas cubrían el cuerpo.

¿Habré vivido recluido en los monasterios, las montañas? ¿O libre, en las ciudades pobladas?

La memoria no me permite acceder plenamente a todo lo que he sido, a todo lo que he experimentado.

Pero, como afirmaba el apóstol Pablo, Gracias a Dios soy lo que soy. Por eso, me atrevo a levantar la frente y soñar.

Soñar con mi regreso a esta tierra bendita. Quién sabe cuándo se dará. Tal vez en décadas. O siglos.

No importa. Pienso y planifico lo que deseo para cuando regrese.

Sin duda, volveré a esta Tierra bendita porque reconozco que no he pagado hasta el último centavo, como advirtió el sabio de Nazaret.

Y, si en esta vida he aprendido a extasiarme con la belleza arquitectónica de los viejos edificios, que han sobrevivido al tiempo, tal vez pueda volver como alguien que, como un nuevo Mecenas, pueda restaurar tantos de los que han sido carcomidos por el tiempo.

Si ahora colmo mi alma escuchando la música que llena mis oídos, tal vez pueda volver como alguien dedicado al arte musical. Seré, quizás, un virtuoso del violín, del violonchelo, del piano...

O puedo volver con una flauta mágica engastada en la garganta y dejar salir mi voz en todos los tonos, en escalas caprichosas.

Tal vez, como Bach, un día pueda decir que nací para alabar a Dios, a través de las arias más sublimes, magistralmente interpretadas, arrastrando a las almas al éxtasis.

O volveré como un pintor consumado, que reproducirá en el lienzo magníficos paisajes de otra dimensión, entrevistos en noches de ensueño.

Pienso y sueño. En verdad, lo más importante es saber que volveré.

Volveré a esos campos del planeta azul y amaré la patria donde renazca. Puede que incluso necesite aprender un nuevo idioma.

Un nuevo aprendizaje.

Sin embargo, estoy seguro de que, en las noches luminosas, miraré al cielo, contemplaré las estrellas, identificaré otros mundos, moradas celestiales que me esperan en un futuro lejano.

Redacción del Momento Espírita
El 23.11.2023

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