Momento Espírita
Curitiba, 30 de Julho de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone Cuando el sentir desea gobernar

¿Alguna vez has sentido que la ansiedad oprime tu pecho, incluso cuando todo parece estar bajo control? Llega silenciosamente, pero ocupa todos los espacios.

Acelera los pensamientos, inquieta el corazón y le quita la levedad a los días. Muchas veces intentamos resistir. Disimulamos, mantenemos la mente ocupada.

Sin embargo, en nuestro interior, algo continúa pidiendo atención.

La ansiedad no es solamente un exceso de preocupaciones. Es, a veces, una señal de desalineación interior. Vivimos en un mundo que nos exige rapidez, productividad y resultados.

Queremos ocuparnos de todo, agradar a todos, prever el mañana... Y nos olvidamos de vivir el presente.

En esta carrera silenciosa, nos vamos alejando de nosotros mismos, como si la paz fuera siempre un destino lejano y nunca un lugar presente.

Jesús nos advirtió: No os inquietéis, pues, por el día de mañana. El día de mañana se ocupará de sí mismo, invitándonos a confiar en la Providencia Divina.

Somos Espíritus inmortales viviendo una experiencia humana, aprendiendo, paso a paso, a confiar más en los designios de Dios.

Sin embargo, ¿cómo confiar cuando todo dentro de nosotros parece urgente? Tal vez la ansiedad sea precisamente ese punto de encuentro entre el deseo de controlar y la necesidad de confiar.

Es como si el alma susurrara, en medio del ruido de los pensamientos: Confía. Permite que la vida siga el curso que le ha sido destinado.

Cuando intentamos abrazar el mundo con nuestras propias fuerzas, el corazón se cansa. Cuando aprendemos a confiar, algo comienza a cambiar. No de forma mágica. No de un día para otro.

Sino como un amanecer sereno, que llega sin prisa e ilumina todo poco a poco. En ese proceso, percibimos que no estamos solos, que existe una Inteligencia Superior sosteniendo cada paso de nuestro camino.

La calma no proviene de la ausencia de problemas. Proviene de la presencia de la fe. Una fe que no consiste solamente en creer que todo saldrá bien. Es comprender que, incluso cuando no entendemos, existe un propósito mayor guiando nuestros caminos.

Es aceptar que hay respuestas que llegan en el momento adecuado, no exactamente en el tiempo de nuestra prisa.

*

Si hoy la ansiedad visita tu corazón, no luches contra ella como si fuera un enemigo. Escúchala. Tal vez solo esté mostrándote que estás intentando cargar aquello que ya está en las manos de Dios.

Tal vez sea una delicada invitación a reaprender a confiar, a no perturbarte por aquello que no depende únicamente de ti.

Respira. Disminuye el ritmo. Existe una paz posible, incluso en medio de las incertidumbres. La paz comienza cuando aceptas, con humildad, que no todo depende de ti.

Piensa que, en el fondo, la vida no te pide que lo controles todo. Solo te pide que confíes. Y, en ese sencillo gesto de confiar, el peso disminuye, la mente se aquieta y el corazón encuentra un nuevo ritmo para existir.

Cuando la confianza florece, la ansiedad, poco a poco, pierde fuerza. El corazón descansa porque descubre que la vida no es una carga que debe ser controlada, sino un camino que debe ser recorrido, con la confianza de quien es hijo del Dueño del universo.

Pensemos en ésto.

Redacción de Momento Espírita, con cita
 del Evangelio de Mateo, cap. 6, vers. 34.

Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 28.7.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998