Momento Espírita
Curitiba, 04 de Agosto de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone En el día del remordimiento

Es natural que nos veamos, diariamente, ante diversas situaciones en las que las benditas enseñanzas de Cristo nos parecen distantes y utópicas.

Circunstancias en las que abandonamos el camino del bien y abrazamos el atajo del error.

Hay momentos en que el resentimiento y la irritación toman el control. Entonces, los malos pensamientos influyen en nuestras actitudes.

En accesos de rabia lamentables, permitimos que las relaciones familiares o sociales se vean perjudicadas por los comentarios venenosos y la acidez de los actos.

Después, cuando recuperamos la capacidad de razonar, el remordimiento nos invade, consumiendo, poco a poco, construcciones espirituales de las más notables.

Fue a causa del intenso sufrimiento provocado por el remordimiento que Judas se dejó arrastrar por una decisión suicida.

Él podría haberse librado de aquella desdicha, apartándose de la idea que lo impulsó a abandonar la vida.

El Señor lo acogería, como lo hizo después del desvarío cometido.

Innumerables fueron los criminales en el mundo que admitieron sus errores, bajo el peso del remordimiento, iniciando el proceso del arrepentimiento y de la reparación.

Regresaron al encuentro de sus víctimas, aun cuando de ellas recibieran acusaciones y agresividad.

Quien está dispuesto a renovarse no teme las correcciones ni los remedios, aunque sean dolorosos y amargos.

Es necesario aprender a pedir disculpas, a confesar errores, a admitir equivocaciones, para que el remordimiento no anide en el alma.

Tal sentimiento no será capaz, por sí solo, de calmar la conciencia culpable ni de reparar los daños producidos.

Es preciso adoptar actitudes sensatas.

El camino de la luz debe ser retomado.

Solamente así el arrepentimiento tendrá el poder de levantarnos nuevamente y de impedir que sucumbamos bajo el peso de la culpa.

No somos infalibles ni invulnerables.

Reconozcamos nuestros errores cuando ocurran.

Partamos, enseguida, hacia la rectificación.

Porque todos los que transitan por los caminos humanos pueden tropezar y caer.

Que esta verdad no sea una justificación para reincidencias y recaídas, sino que nos sirva de motivación para el recomienzo diario y constante.

*

El camino hacia la perfección es un trayecto largo y difícil.

Somos Espíritus principiantes e inexpertos en esta bella e infinita jornada.

Muchas serán las dificultades que se presentarán y podremos optar por senderos equivocados más de una vez.

Diversas serán las ocasiones en que nos veremos enredados en nuestros propios vicios, hiriendo a nuestros seres amados y destruyendo proyectos y sueños.

No nos detengamos en el camino a llorar por el tiempo perdido, ni tampoco por los daños causados.

Sequemos las lágrimas, procuremos sanar las heridas producidas por la negligencia y la imprudencia.

Heridas que causamos en los demás y en nosotros mismos.

Reconstruyamos las obras que nuestros actos irreflexivos y nuestras palabras amargas arruinaron.

Reparemos todo el sufrimiento que produjimos con nuestro mal o con nuestra omisión en el bien.

Hagamos nuestra parte, sin lamentaciones inútiles ni quejas estériles.

Alcemos los ojos y, buscando la luz de la verdad y la senda del bien, sigamos adelante.

 Redacción de Momento Espírita, con base en el cap. 21
 del libro
Para uso diario, por el Espíritu Joannes,
 psicografía de Raul Teixeira, ed. Fráter.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 30.7.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998