Momento Espírita
Curitiba, 04 de Agosto de 2026
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ícone No recuerdes la noche cuando tienes el día

María de Magdala llevaba el alma envuelta en tinieblas y el corazón colmado de amargura.

La vida que había llevado hasta entonces no la había llenado; no había saciado su sed de verdadero amor.

Se consideraba una persona desgraciada, vencida por sí misma y por el mundo.

Sin embargo, en su primer encuentro con Jesús, en la casa de Simón Pedro, Magdalena es invitada a analizar su existencia y a sí misma desde una nueva perspectiva.

El Maestro la saluda, la llama por su nombre y le dice: Yo soy el Buen Pastor. Conozco a mis ovejas una por una.

Ella quedó profundamente sorprendida al darse cuenta de que Jesús la llamó por su nombre. Él la conocía, fue lo que dedujo, y entonces se sintió segura para abrirle su alma, relatándole el desaliento que sentía ante la vida.

La respuesta de Jesús es brillante:

María, a mí no me interesa lo que has sido; me importa lo que deseas hacer de ti, de ahora en adelante. Estás llegando al pozo de la vida eterna.

No mires hacia el pasado. No recuerdes la noche cuando tienes el día, ni te detengas a contemplar el pantano cuando puedes contemplar el sembrado de trigo adornado por la luz.

Ese fue el comienzo del levantamiento espiritual de María de Magdala.

*

Esa perspectiva amorosa y lúcida de Jesús es, en el fondo, también la propuesta de la Ley Mayor de nuestro Creador.

Todos estamos en la Tierra, viviendo encarnaciones que nos invitan a pruebas y expiaciones. A reajustes con la Ley.

Cada vez que retornamos recibimos la bendición del olvido del pasado, precisamente para que nada afecte nuestro ánimo ni nuestro espíritu de renovación.

La advertencia dirigida a Magdalena sirve también para todos nosotros.

No mirar hacia el pasado. No mirar la noche que ya pasó.

Si conocemos el mensaje cristiano, si ya tenemos en nuestras manos la propuesta del bien y del amor, tenemos el día, tenemos el sembrado de trigo. Por eso, ¡dispongámonos a labrarlo!

Mirar demasiado hacia atrás puede desanimarnos; puede sumergirnos nuevamente en el hombre viejo, al que necesitamos dejar atrás.

Naturalmente, lo que hemos vivido, lo que hemos hecho, nuestra historia, influye diariamente en nosotros. Pero permitamos que eso ocurra de manera natural.

Conocerse a sí mismo es una cosa. Sumergirse en el hombre viejo para volver a acomodarse en él es algo muy distinto.

Ese pozo de vida eterna del que habla Jesús es la lucidez que ya podemos alcanzar gracias a las enseñanzas de los Espíritus y a las enseñanzas del Cristo, transmitidas de una manera tan profunda y definitiva.

El amor, en todas sus dimensiones, puesto en práctica cada día y en cada instante.

La inmortalidad del alma, que nos ofrece la visión de la verdadera vida, de la vida mayor, que trasciende la existencia material.

Las múltiples encarnaciones, los capítulos que aún están por venir, la continuidad de aquello que estamos construyendo.

El Padre Mayor como la Inteligencia Suprema, Causa Primera de todas las cosas, gobernando el cosmos mediante leyes perfectas y cuidando de cada detalle.

He aquí nuestro pozo de vida eterna; he aquí nuestra invitación, nuestro encuentro con Jesús en la casa de Simón Pedro.

Recordemos la recomendación del Maestro:

No recuerdes la noche cuando tienes el día.

Redacción de Momento Espírita, con base en el cap. 3
de la obra A estrela verde, de Divaldo Pereira Franco y
 Délcio Carvalho, ed. LEAL.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 31.7.2026

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