Momento Espírita
Curitiba, 04 de Agosto de 2026
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ícone La voz del trueno y el silencio del alma

Dicen que el silencio es el lenguaje de Dios. Sin embargo, en ciertos rincones del planeta, la Divinidad parece escoger el sonido más potente, la vibración más profunda y el escenario más grandioso para anunciarse.

Recordamos, con la nitidez que solo las emociones verdaderas permiten conservar, una tarde frente a la Garganta del Diablo, en el lado argentino de las Cataratas del Iguazú.

Sheila acompañaba a un productor italiano de radio y televisión, un hombre acostumbrado a las grandes producciones, a los escenarios iluminados y a la sofisticación de las metrópolis europeas.

Él traía la mirada curiosa del viajero. También el cansancio típico de quien lidia con lo efímero todos los días.

A medida que caminaban por las pasarelas que serpentean sobre el río Iguazú, el sonido iba creciendo. No era un ruido común. Era un grave profundo que parecía venir de las entrañas del mundo.

Entonces, llegaron frente a la caída monumental. Millones de litros de agua precipitándose en una coreografía de fuerza y bruma, en la que el arcoíris insiste en nacer incluso bajo el imperio del caos.

El turista italiano quedó inmóvil. No sacó la cámara. No intentó encuadrar el infinito en la limitada pantalla de un teléfono móvil. Simplemente permaneció quieto, con las manos apoyadas en la baranda y los ojos perdidos en la inmensidad blanca.

El silencio interior que se instaló, a pesar del rugido ensordecedor de las aguas, era sagrado. Era como si el ruido exterior fuera tan vasto que terminara por anular cualquier ruido mental, permitiendo que solo permaneciera lo esencial.

Pasaron minutos que parecieron horas de una liturgia natural. Por fin, se volvió hacia la joven. Con la voz entrecortada, dijo algo que sonó como una de las declaraciones más profundas y verdaderas:

Es en estas horas cuando tenemos la certeza de que Dios existe.

En aquel instante, la Garganta del Diablo cambió de nombre. Pasó a ser la Garganta de Dios.

Allí, en aquel altar de roca y agua, el productor italiano, acostumbrado a crear contenidos para el mundo, se sintió parte de una Creación que no necesita guion ni edición.

La certeza de Dios no vino de un razonamiento lógico, sino de un impacto sensorial. Cuando la belleza es tan inmensa que el ego se silencia, lo que queda es la evidencia del Creador.

El agua que cae en la Garganta del Diablo es la misma que riega la semilla en la tierra y que corre por nuestros ríos. Pero allí, en su caída vertiginosa, nos recuerda nuestra pequeñez y, paradójicamente, nuestra importancia.

Somos pequeños ante la fuerza, pero somos lo suficientemente grandes para percibir la presencia del Padre en esa fuerza.

Dios habla en todas las frecuencias. A veces, Él escoge el trueno de las aguas para decirnos que está en el comando, que la vida se renueva eternamente y que la belleza es la firma de Su justicia y de Su amor.

La Voz de Dios aún resuena en aquellas caídas, y continuará resonando en todos los corazones que se permitan, aunque sea por un instante, simplemente detenerse y sentir.

Como bien dijo aquel hermano de tierras lejanas: Hay momentos en que la duda se disuelve en la niebla, y lo único que permanece, majestuoso, es la certeza de la Presencia Divina.

Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 31.7.2026

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