Cada vez que las enseñanzas del dulce Rabí de Galilea son puestas en el centro de las reflexiones humanas, son muchos los comentarios que se escuchan acerca de su supuesta inadecuación para la vida actual.
Se dice que es casi imposible practicar las enseñanzas de la Buena Nueva en este mundo contrario a la bondad, a la renuncia y al perdón. En este mundo donde lo que vale es una abultada cuenta bancaria, la ropa costosa y el último modelo de carro.
La mayoría de las personas vive en la indiferencia y en el endurecimiento del corazón.
Respecto a estas cuestiones, se cuenta que, en tiempos antiguos, existió un gran artista que se especializó en el arpa.
Tal era la perfección con la que interpretaba las piezas musicales que personas importantes llegaban desde muy lejos para escucharlo.
Señores de tierras lejanas acudían hasta su morada en caravanas únicamente para oír sus sublimes interpretaciones.
Gracias a ello, el maestro del arpa alcanzó fama y fortuna. Se decía que no había nadie en la Tierra que pudiera igualarlo en expresión musical.
Aquel músico tenía un esclavo a su servicio personal. Era él quien servía agua, frutas y dulces a los invitados. De aspecto algo ingenuo, nunca conversaba.
Sin embargo, el arpa de su amo lo atraía y, en ocasiones, contemplaba fascinado las manos del artista pulsando las cuerdas del instrumento, casi con adoración.
Cierta noche, el artista regresó a casa mucho antes de lo esperado. Al entrar en los jardines percibió que una melodía celestial llenaba el ambiente.
Alguien tocaba de manera magistral en la casa solitaria. El artista se conmovió. ¿Quién sería el extranjero que había ocupado su lugar?
¿O acaso sería un ángel exiliado en la Tierra que expresaba así su grandeza a través de las notas musicales?
Conmovido al presentir la existencia de alguien con un ideal artístico muy superior al suyo, avanzó lentamente para no ser descubierto.
¿Cuál no sería su sorpresa al comprobar que aquel maravilloso arpista era su viejo y aparentemente torpe esclavo? Aprovechando los minutos que le pertenecían por derecho, sin molestar a nadie, llevaba mucho tiempo ejercitando las enseñanzas de su señor.
El artista, generoso y famoso, decidió conceder la libertad al esclavo y darle un lugar a su lado en las presentaciones musicales, desde aquel día en adelante.
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La adquisición de las cualidades nobles se logra mediante el esfuerzo, de la misma manera que la maestría en un arte se adquiere mediante la práctica.
Toda persona que utilice con sabiduría las horas de que dispone en el arpa de la vida, pronto absorberá la grandeza y la sublimidad de las que hablan los Evangelios y se convertirá en un representante del Cielo ante sus hermanos en la Tierra.
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El tesoro de las horas es distribuido generosamente a todos. Cada uno hace con él lo que mejor le parece.
Quien trabaja únicamente por la remuneración que recibe, quien no aprovecha la oportunidad de las horas para su crecimiento personal, en realidad nada tendrá además del salario del mundo.
Invertir en uno mismo, en la propia reforma interior, interesarse por los demás y entregarse al servicio del prójimo es una condición de la que todos podemos disfrutar.
Redacción de Momento Espírita, con base en el
cap. 43 del libro Jesus no lar, por el Espíritu Néio Lúcio,
psicografía de Francisco Cândido Xavier, ed. FEB.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 4.8.2026