Momento Espírita
Curitiba, 07 de Agosto de 2026
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ícone Descanso

Estamos biológicamente preparados y programados para la acción.

El dinamismo nos vitaliza y nos desarrolla. Si permanecemos inmóviles durante mucho tiempo, la tendencia es debilitarnos.

Los órganos que no se utilizan, que no son activados, tienden a atrofiarse.

Sin embargo, todos deseamos y planificamos nuestros momentos de diversión, procurando dejar atrás la rutina, al menos por algún tiempo.

El descanso no significa ausencia de actividad, sino un cambio físico, emocional e intelectual de actitud, de ocupación.

El descanso es necesario para favorecer la relajación de las tensiones, permitir la reflexión y facilitar la planificación de nuevas actividades.

No solamente es eficaz cuando se disfruta en balnearios, campos deportivos, playas, montañas o en viajes muy concurridos.

El hogar y la familia, el refugio en un lugar solitario o la música propician momentos íntimos de esparcimiento, con excelentes resultados para la renovación personal.

Muchos salimos de vacaciones, viajamos, buscamos refugio en parajes naturales, practicamos diversos deportes y regresamos más cansados e infelices que antes.

Descansar significa cambiar de actividad. Sin embargo, de nada sirve cambiar de ocupación si llevamos en la mente las preocupaciones y las neurosis de la vida cotidiana.

No somos un aparato electrónico al que basta presionar un botón para apagarlo.

La mente humana es ese mecanismo que lleva consigo, adondequiera que vaya, los elementos de calma o los motivos de preocupación y ansiedad.

Por esa razón, el simple cambio de ambiente o de ciudad no resuelve el problema del estrés ni proporciona el descanso necesario.

El verdadero descanso  es el encuentro armonioso con la serenidad, que renueva las fuerzas del alma.

Descansar es, ante todo, permitir que el pensamiento repose en paisajes de calma, desatando los nudos de las preocupaciones que la vida cotidiana insiste en apretar.

Más que cambiar de clima o de domicilio, el descanso  que verdaderamente nos restaura es aquel que nos permite cambiar la frecuencia del corazón, sintonizándolo con la alegría sencilla de existir.

Solo disfrutamos del reposo pleno cuando llevamos la almohada de una conciencia tranquila, cuando no nos acompañan los recuerdos de las faltas cometidas ni de los compromisos incumplidos.

El descanso es una pausa indispensable, un intervalo necesario para que el Espíritu retome el diálogo con la vida y recupere el brillo de la mirada.

Cambiar de actividad es una excelente forma de descanso. Al dar reposo a los brazos cansados, permitimos que la mente florezca en direcciones nuevas y creativas.

Y no importa cuán sofisticado sea el destino que elijamos para nuestra diversión. Lo más importante es estar plenamente presentes, entregándonos al momento sin las sombras del ayer ni las ansiedades del mañana.

Muchas veces, el descanso más profundo no se encuentra en el movimiento de los viajes, sino en la quietud de una lectura, en la escucha atenta de una locución que nos transporte a praderas de armonía.

En ocasiones, lo encontramos en el silencio del alma que desea escuchar la música de los cielos para sentirse elevada.

Pensemos en ello.

Redacción de Momento Espírita, con base en el
 cap. 25 del libro
Seara do Bem, por diversos Espíritus,
 psicografía de Divaldo Pereira Franco, ed. LEAL.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 7.8.2026

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