Momento Espírita
Curitiba, 20 de Agosto de 2026
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ícone Personas queridas

Una de las cosas más desafiantes de nuestra jornada es convivir en armonía con aquellos a quienes amamos.

A veces, olvidamos que la persona querida es todo un mundo aparte, con sentimientos y formas de pensar que pueden ser muy diferentes de los nuestros.

Seguramente, alguna vez nos hemos sorprendido queriendo que este o aquel familiar piense exactamente como nosotros. O que comprenda aquello que estamos explicando de la misma manera en que tiene sentido para nosotros.

¡Vaya, para mí esto es tan claro! ¡No es posible que fulano no lo vea así, o que no esté viendo esto!

Pues es muy posible que así sea.

Imaginemos que la lente con la que cada uno ve el mundo fue elaborada con un cristal diferente.

Entre sus componentes tenemos milenios de experiencias pasadas, décadas de cultura y educación, además de una buena dosis de distorsiones y manchas.

No existe una persona igual a otra. Como somos distintos, vemos las cosas de manera distinta.

Por lo tanto, es fundamental comprender la situación de cada uno.

Naturalmente, debemos incentivar a nuestros familiares a dar lo mejor de sí mismos, sirviéndonos del diálogo constructivo para sugerir cambios y mejoras. El amor actúa así.

Pero, si nuestros consejos no son seguidos, especialmente por aquellos que ya han alcanzado la edad adulta, no debemos intentar sujetarlos a nuestros puntos de vista. Eso sería una forma de violencia.

Es común que, como padres, hermanos o amigos, proyectemos para nuestros jóvenes la felicidad perfecta en el matrimonio o grandes títulos académicos.

Sin embargo, puede ser que ellos hayan venido a la Tierra precisamente para enfrentar tareas arduas o relaciones desafiantes que forman parte de su evolución.

Intentar desviarlos de ese camino sería faltar al respeto a aquello que vinieron a desarrollar.

¿Y si aquellas almas que tanto amamos terminan tropezando y cayendo en el error? No las condenemos ni las reprobemos.

Dejemos que hagan sus propias elecciones. Al fin y al cabo, nosotros tampoco soportaríamos que alguien impusiera reglas sobre nuestra manera de vivir.

Mantengamos la serenidad ante los caminos que el prójimo decida recorrer.

Vivamos nuestra vida con conciencia y permitamos a los demás la libertad de vivir la existencia que el Creador les concedió.

*

Uno de los mayores desafíos de la actualidad es el conflicto entre generaciones.

En realidad, esto siempre ha existido, pues una nueva generación normalmente presenta cambios significativos con respecto a la que la precedió.

La tendencia de quienes llevan más tiempo en esta encarnación será pensar que su manera de vivir, su época y sus costumbres eran mejores. Y que las nuevas son absurdas.

Pensemos bien antes de llegar tan rápidamente a esa conclusión. ¿Cuánto de ese juicio proviene de nuestra propia lente, de nuestro apego afectivo a nuestro tiempo, y cuánto corresponde a una evaluación de los verdaderos valores, aquellos que no tienen tiempo ni edad?

Seamos defensores de las buenas costumbres. De aquellas que remiten a la práctica del amor al prójimo y a la construcción del ser espiritual, pero no nos cerremos a las nuevas ideas, a los nuevos puntos de vista.

Todavía tenemos mucho que construir en nosotros mismos. Todas las generaciones tienen algo que aprender unas de otras. Respetemos eso.

Redacción de Momento Espírita, con base en el cap. 10 del
 libro
Calma, por el Espíritu Emmanuel, psicografía de
Francisco Cândido Xavier, ed. GEEM.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 13.8.2026

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