Su voz cautiva. Su presencia en el escenario conmueve. Atrae multitudes a sus conciertos y presentaciones, pero no puede verlas.
Lo que le confirma la presencia del público son los aplausos que escucha y que le dibujan una sonrisa.
En plena pandemia, realizó una transmisión en vivo desde la Catedral de Milán, completamente vacía. La llamó Música por la esperanza.
Esperanza de que el mundo mejore, de que la pandemia sea controlada, de que las personas sean felices.
Cada año, en julio, durante el verano europeo, ofrece un gran concierto en el Teatro del Silencio, un espacio al aire libre construido por iniciativa suya en su ciudad natal, Lajatico, en la región de la Toscana
El espectáculo programado para 2020 no pudo realizarse debido al aislamiento social.
Sin embargo, se presentó ante un auditorio formado por las banderas de todas las naciones del mundo.
El Teatro del Silencio está vivo - dijo él -. Vive en la imaginación y en la esperanza de decenas de miles de espectadores que esperan el año 2021.
El maravilloso público está aquí, representado por las banderas multicolores de todo el mundo.
Interpretó cinco canciones, comenzando con una oración a la Madre de Jesús, Ave María, y concluyendo con un himno de amor a su patria.
Quienes estamos acostumbrados a aplaudirlo y hemos sido privilegiados con sus presentaciones, quizá no sepamos que el mundo estuvo muy cerca de no tenerlo jamás entre nosotros.
En una entrevista para un canal de televisión, su madre reveló que, cuando estaba embarazada, los médicos le recomendaron abortar.
El propio Andrea narra, en un video, que su madre llegó al hospital con fuertes dolores abdominales. Se trataba de una apendicitis, pero le aplicaron hielo sobre el abdomen.
Después, los médicos le aconsejaron abortar porque el hijo que esperaba nacería con una enfermedad congénita. Aun siendo muy joven, Edi decidió tener al niño, que nació con glaucoma.
La pérdida total de la visión llegaría a los doce años, después de recibir un golpe en la cabeza mientras jugaba fútbol.
El agradecimiento del tenor italiano hacia su madre es conmovedor. Por eso, afirma él, defiende y lucha a favor de la vida.
Cuenta esta historia para que sirva de aliento a otras mujeres que puedan encontrarse en una situación semejante.
Él agradece haber venido al mundo. Y todos nosotros agradecemos a aquella joven madre que eligió la vida y nos regaló al tenor, compositor y productor italiano.
¡Qué hermosa voz habría perdido el mundo sin su presencia!
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Así es la vida. Cuando aún no somos más que un embrión o un feto, ¿quién puede imaginar lo que llegaremos a ser? ¿Qué contribución ofreceremos al mundo?
Podremos venir para maravillarlo con nuestro arte musical, con nuestros discursos o con nuestros poemas.
Alguien que transforme conceptos en la arquitectura o en la ingeniería.
Podremos ser un embajador de la paz, un científico que realice grandes descubrimientos. Alguien que contribuya revolucionando los tratamientos de enfermedades graves.
Un médico anónimo sirviendo en el frente de la enfermedad, luchando contra la muerte por sus pacientes.
Podremos ser, simplemente, un hombre o una mujer de bien, haciendo la diferencia en el mundo.
Un padre o una madre que entregarán a la sociedad hijos educados, trabajadores y útiles, contribuyendo a hacer de este planeta un lugar mejor.
La vida merece nuestros homenajes.
Redacción de Momento Espírita, con base en una entrevista
a Edi Aringhieri, en el programa televisivo Domenica In,
transmitido por el canal RAI1, en enero de 2018.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 17.8.2026