Momento Espírita
Curitiba, 20 de Agosto de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone Miedo al infierno

En la obra cinematográfica La lengua de las mariposas, asistimos a una escena de una belleza incomparable.

El personaje principal, Moncho, en un diálogo con su profesor, dice:

Mi madre dice que las personas buenas van al cielo y las malas van al infierno.

¿Y tu padre? -pregunta el maestro, intentando comprender la angustia del niño.

Mi padre dice que, si hubiera un juicio final, los ricos irían con sus abogados. Pero a mi madre no le hizo gracia.

¿Y tú, qué piensas? - pregunta el atento educador.

El niño piensa durante unos instantes y confiesa:

Tengo miedo...

Finalmente, el profesor le pregunta:

¿Eres capaz de guardar un secreto? - Moncho asiente con la cabeza, interesado.

Solo entre nosotros dos: el infierno, ese infierno del más allá, no existe. El odio y la crueldad, eso es el infierno. A veces, nosotros mismos somos el infierno.

La escena termina con el niño dando un mordisco a la manzana que llevaba para la merienda, aparentemente aliviado.

*

Muchos de nosotros podemos llevar en el corazón esas mismas dudas, incluso siendo adultos, incluso habiendo estudiado esta o aquella doctrina filosófica o religiosa.

Por lo que parece, es una duda más del corazón que de la razón, porque lo primero que necesita ser atendido es el miedo.

Miedo a lo desconocido, miedo a sufrir, miedo a perder, miedo a sentir.

Así, cuando el sabio educador le pregunta al niño: ¿Y tú, qué piensas?, abre la posibilidad de acoger lo que el otro siente.

Como padres, muchas veces, de manera inocente, creemos que los hijos son recipientes vacíos que necesitan ser llenados de conocimientos y valores.

No consideramos que se trata de un Espíritu que regresa, que trae consigo construcciones previas en su alma, que necesitan ser visitadas, analizadas y escuchadas.

Tal vez, para la madre del niño, la creencia que tenía sobre el destino de las almas tuviera sentido. Pero ¿se sentía él satisfecho con ella?

La sabiduría no se transmite como se transfiere dinero de una cuenta bancaria a otra. La sabiduría es una conquista individual.

¿De qué sirve llenarnos de teorías sin respetar lo que llevamos dentro? La teoría entra por un oído, tropieza con sentimientos que no sabe manejar y sale por el oído opuesto.

En este caso, la herencia de los padres solo le produjo miedo, hasta que encontró una explicación más sencilla: ese infierno del más allá, ese infierno entendido como un lugar terrible, no existe.

El verdadero infierno es un estado del alma y se encuentra en la crueldad y en el odio de las personas. Así, si no queremos vivir en ese estado, basta con educarnos, basta con construir en nosotros sentimientos opuestos a esos.

Somos nosotros quienes creamos diariamente nuestro propio infierno o nuestro propio cielo, dependiendo de los sentimientos y pensamientos que cultivamos en lo más íntimo de nuestro ser.

Pensemos en la conciencia de culpa. Alguien que vive siempre escondiéndose, que necesita borrar las huellas de lo que hace, de con quién habla, ¿no está viviendo su propio pequeño infierno?

Pensemos en ello y liberémonos cuanto antes de nuestros infiernos particulares. A través de nuestros pensamientos, de nuestras acciones y de la vivencia cotidiana del amor.

De esta manera, nunca más tendremos miedo al infierno.

Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 17.8.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998