Desde pequeños escuchamos aquel conocido refrán: Dime con quién andas y te diré quién eres.
Nuestras abuelas ya lo sabían mucho antes que existiera cualquier estudio profundo sobre el tema. En las regiones del interior, las expresiones son todavía más pintorescas, como aquella que dice: Pajarito que acompaña al murciélago aprende a dormir de cabeza para abajo.
O aquella que nos advierte que lo que no falta en el mundo es un armadillo dispuesto a llevarte para su madriguera.
Son frases sencillas, con un toque de humor, pero que encierran una lección indiscutible: convivir implica influir y ser influenciado. Es una verdadera contaminación invisible.
Veamos que hoy, la propia ciencia está confirmando esa intuición ancestral. Un sólido estudio de una de las universidades más prestigiosas del mundo, el MIT, reveló algo interesante.
Los investigadores descubrieron que incluso nuestras decisiones financieras están fuertemente influenciadas por las personas con quienes convivimos diariamente.
Según el estudio, la cercanía con personas de comportamiento impulsivo nos vuelve igualmente impulsivos. Los ambientes emocionalmente inestables aumentan nuestros gastos y nos llevan a tomar decisiones poco conscientes.
Si esto sucede con nuestra vida material, ¡imaginemos el enorme impacto que tienen nuestras compañías sobre nuestros sentimientos y sobre las virtudes todavía vacilantes de nuestra alma!
La ley de sintonía y afinidad nos enseña precisamente eso: los semejantes se atraen invariablemente. Somos como radios vivientes, emitiendo y captando ondas mentales todo el tiempo.
Cuando elegimos nuestras amistades, no estamos simplemente eligiendo personas con quienes conversar. Estamos escogiendo las energías que absorberemos y los Espíritus que caminarán a nuestro lado.
Si nos rodeamos de personas que viven quejándose de su suerte y hablando mal de los demás, lentamente nuestra mirada interior se va oscureciendo bajo esa misma sombra.
Por otro lado, si buscamos la convivencia con almas nobles, optimistas y orientadas hacia el bien, sentimos crecer nuestras propias alas, impulsadas por el irresistible ejemplo de la caridad.
Por supuesto, Cristo nos invita a amar a todos. Debe haber benevolencia en nuestro corazón hacia todas las criaturas.
Sin embargo, amar y ayudar a quien se encuentra en el lodo no significa sumergirnos y quedarnos a vivir allí.
Jesús amó profundamente a todos, pero, al formar Su círculo íntimo para construir las bases del Evangelio, buscó corazones dispuestos a trabajar por la luz.
Hagamos hoy una reflexión sincera: ¿Quiénes son las personas que están moldeando nuestras decisiones? ¿A quiénes nos hemos acercado mental y físicamente?
¿Será que nuestras compañías nos están impulsando hacia arriba o están anclando nuestros pies en la ilusión?
Además, preguntémonos: ¿Qué clase de compañía hemos sido nosotros para los demás? ¿Somos quienes elevan el ambiente o quienes lo contaminan?
Vigilemos nuestras sintonías y nuestras elecciones. Somos dueños de nuestro destino, pero son nuestros pasos de hoy, incluidos los de aquellos con quienes hemos estado caminando, los que dibujan la paz de nuestro mañana.
Redacción de Momento Espírita, con base en el artículo
Diga-me com quem andas..., de Jacqueline Pereira, de
la revista Vida Simples, año 24, n.º 290.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 18.8.2026