Momento Espírita
Curitiba, 21 de Agosto de 2026
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ícone La práctica de la caridad

Te estoy debiendo

la práctica de la caridad.

Horas de un trato más amable,

días de palabras serenas,

semanas de escucha atenta

y algunos meses de abrazos.

 

Te estoy debiendo

la práctica de la caridad.

La hora difícil de renunciar al odio,

los días sin ensayar la venganza.

Semanas soltando lo que todavía guardo

y algunos meses volviendo a ser libre.

 

Te estoy debiendo

la práctica de la caridad.

Aquellas horas sin condena,

días sin malicia en cada mirada.

Semanas comprendiendo, comprendiendo,

y meses, más meses, de vigilancia sobre mí mismo.

 

Sí, te estoy debiendo

la práctica de la caridad.

*

El apóstol Pablo estableció la caridad como el amor en acción, afirmando que, si no la practicara, sería como el metal que resuena o como la campana que toca.

Jesús entiende la caridad, básicamente, en tres grandes prácticas: benevolencia para con todos, indulgencia hacia las imperfecciones ajenas y perdón de las ofensas.

En nuestras reflexiones diarias, aquellas que realizamos al final del día, vale la pena pensar cómo estamos en relación con cada una de ellas.

¿Cuánta benevolencia ejercitamos hoy?

Benevolencia en el trato, bondad en las acciones, entrega a todos y a cualquiera, pues todos son nuestro prójimo.

¿Y cuánta indulgencia pusimos en práctica? ¿Con qué ojos juzgamos, evaluamos y examinamos las situaciones y a las personas que nos rodean?

¿Nuestros lentes están bien ajustados? ¿Será que estamos viendo únicamente el mal, lo peor, y nunca lo bueno ni lo mejor?

¿Nuestros lentes todavía nos llevan a juzgar  apresuradamente, sin un mínimo de comprensión? ¿O será que ya estamos logrando desarrollar una pequeña dosis de empatía?

Por último, ¿cuánto perdón fuimos invitados a ejercer el día de hoy?

Perdón de las pequeñas cosas y también de las grandes, de aquellas que todavía conservamos dentro de nosotros y que aún no conseguimos dejar atrás.

¿Cuánto odio, cuánta ira, cuántos sentimientos que nos deprimen y nos hieren seguimos guardando en nuestro interior porque todavía no nos hemos propuesto recorrer el camino del perdón?

Camino, porque es una senda, un proceso de liberación que nos permitirá ser libres del sufrimiento.

Realmente le estamos debiendo al prójimo la práctica de la caridad.

Después de conocer el ejemplo de Jesús, Su sacrificio y Su amor, prometimos que nos esforzaríamos un poco más.

Algunos de nosotros, antes de regresar al mundo, nos comprometimos a recorrer un camino de redención, buscando reparar un pasado difícil.

Tengamos la certeza de que ese camino pasa, inevitablemente, por la práctica de la caridad.

¿Será que lo olvidamos? ¿Perdimos la voluntad o nos extraviamos en el camino?

Todavía hay tiempo. No es el Maestro quien nos lo reclama, sino nuestra propia conciencia; somos nosotros mismos recordando aquello que trazamos como lo mejor para esta nueva encarnación.

La práctica de la caridad no puede dejar de formar parte de nuestros planes y de nuestros objetivos.

Cada día mantengamos despierto ese sensor que identifica las oportunidades y no las desaprovechemos.

Benevolencia para con todos, indulgencia hacia las imperfecciones ajenas y perdón de las ofensas. La caridad en su más pura esencia.

Pensemos en ello.

Redacción de Momento Espírita, con base en la parte 3, cap. XI,
 preg. 886 de
El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec, ed. FEB;
 en la conferencia
A vida no Além, de José Raul Teixeira, realizada
 en el Teatro Positivo, en Curitiba, el 14.3.2026, disponible em
 @canalfep; y en un poema de Andrey Cechelero.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 21.8.2026

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