Es común que las parejas se separen por cuestiones casi insignificantes. Son asuntos que involucran puntos de vista diferentes o por el hecho de profesar religiones distintas.
A veces, al sentirse carente de afecto, uno de los cónyuges sale en busca de alguien que pueda suplir esa carencia.
En esas circunstancias, algunos se olvidan de sus propios hijos, aunque sean pequeños.
Lo único que le interesa a cada uno es su propia felicidad, idealizada en la satisfacción personal y en sus propios deseos.
Y cada vez son más escasas las parejas que celebran sus bodas de plata, y mucho más aún las bodas de oro.
Por eso, aquella pareja sorprendió a amigos y familiares cuando los invitó a celebrar sus cincuenta años de unión.
La ceremonia fue sencilla. Él repitió, delante de todos, los votos formulados el día del matrimonio: amor, fidelidad, respeto.
Ella lo escuchó, nuevamente emocionada, y con voz temblorosa hizo lo mismo.
Se abrazaron, se besaron, con las manos entrelazadas.
Hijos, nietos, amigos, todos los rodearon, llenos de emoción y alegría.
Entre tantos abrazos, caricias y felicidad, alguien decidió preguntarle al marido cuál era el secreto del éxito de su matrimonio.
Como sucede con la mayoría de las personas mayores, respondió a la pregunta contando su historia.
Su esposa, Sara, había sido su única novia. Él había crecido en un orfanato y había trabajado mucho para conquistar lo que deseaba.
Nunca había tenido tiempo para noviazgos, hasta el día en que la conoció.
Después de la ceremonia nupcial, durante la celebración, el padre de Sara le había hecho algunas recomendaciones acerca del tesoro que le estaba confiando: su querida hija.
Pero lo más importante fue que le entregó un pequeño paquete, diciéndole:
Este es mi regalo para ti. Dentro de él está todo lo que necesitas saber para ser feliz en el matrimonio.
Nervioso, él rompió la cinta y el papel, descubriendo dentro de la caja un reloj de oro.
Admirado, leyó en la esfera o dial una frase muy importante. Con seguridad, la vería cada vez que consultara la hora.
En ella estaba escrito el secreto de su matrimonio feliz:
Dile algo bonito a Sara.
*
Toda unión debe revitalizarse constantemente con afecto. Un afecto que se demuestra a través de pequeños gestos, de pequeñas delicadezas.
Elogiar el nuevo peinado, la fuerza de voluntad que permitió perder algunos kilos y lograr así una silueta más esbelta.
Agradecer por la organización de la casa, por la puntualidad en los compromisos, por el agradable aroma de la ropa limpia que sale del armario.
Las palabras bonitas alimentan la relación de pareja.
Por eso, antes de que el tedio se apodere de tu relación, piensa en esto: Encuentra y díle palabras bonitas a tu pareja.
Recuerda sus cualidades y ensaya las primeras frases.
Tal vez tengas alguna dificultad al principio; sin embargo, muy pronto esto se volverá algo natural para ti.
Sobre todo porque descubrirás lo agradable que es hacer feliz al otro.
¡Piensa en ello! Comienza hoy mismo a hacer de tu relación de pareja algo muy especial.
A propósito, recuerdas cuándo fue la última vez que le dijiste a tu amor: Te amo mucho?
Redacción de Momento Espírita, con base en el cap.
O pequeno presente, de Morris Chalfant, del libro
Histórias pra o coração, de Alice Gray (organizadora),
ed. United Press.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 26.8.2026