Momento Espírita
Curitiba, 31 de Agosto de 2026
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ícone Nuestras tentaciones

Vivir en la Tierra es un don sublime, una jornada indispensable que nos enriquece con cada amanecer. El contacto con nuestros semejantes y con los fenómenos de la naturaleza esculpe nuestra alma, impulsándonos a crecer.

En esta hermosa escuela que es el mundo, caminamos por senderos donde, a veces, nos encontramos con uno de los desafíos más delicados del alma humana: las tentaciones.

Casi siempre, frente a ese espejo de la vida, hacemos una valoración equivocada de nosotros mismos y sobreestimamos nuestras fuerzas.

Juramos al viento que somos inquebrantables, que jamás cederemos ante determinados llamados y que no caeremos en las trampas del camino. Sin embargo, en momentos de distracción, adoptamos conductas desafortunadas, obedeciendo precisamente a esos llamados.

Éstos,  surgen disfrazados de promesas fáciles. Se presentan en la ilusión de probar un vicio una sola vez, bajo la creencia de que mantendremos el control. Se manifiestan en la temeridad de pisar a fondo el acelerador y desafiar el peligro, o en la sombra de apropiarnos de aquello que no nos pertenece.

Y, cuando nos equivocamos, es tan humano trasladar a otros la responsabilidad de nuestras caídas, justificando que fueron las malas compañías o las entidades sombrías las que nos arrastraron al abismo.

La verdad, sin embargo, es que la tentación actúa en el sagrado territorio de la voluntad. No hacemos nada que no encuentre eco en ese territorio nuestro.

Después de todo, la tentación no está afuera. Reside dentro de nosotros. Es el eco de un bagaje interior que aguarda la acción de la disciplina, de una condición íntima que todavía no ha sido debidamente trabajada.

Las influencias negativas, ya sean espirituales o provenientes de quienes se encuentran en la esfera física, como nosotros mismos, solamente se aprovechan de nuestras brechas morales, sumando sus deseos a nuestra voluntad débil e indisciplinada.

Jesucristo nos enseñó que quien busca encuentra. Si nos ponemos a rastrear el origen de una espina, seguramente nos encontraremos con el origen. Si buscamos perfumes y colores, la vida nos conducirá hasta un jardín.

Para que podamos triunfar y transformar nuestras fragilidades en fortaleza, el Maestro Jesús nos entregó una brújula infalible: oración y vigilancia.

Aprendamos a orar, construyendo ese puente luminoso de amor con lo Divino.

Sepamos mantenernos vigilantes, lo que no es más que cuidarnos amorosamente a nosotros mismos, prestando atención a los caminos por los que transitamos, hacia dónde se dirigen nuestros pensamientos y cuáles serán las consecuencias de nuestros actos.

Entendamos las tentaciones como piedras en el camino que crean obstáculos al avance de los viajeros del progreso. Son las espinas clavadas en las fibras del corazón, hiriéndolo con cada contracción muscular.

Pero constituyen también estímulos para la victoria, para la transformación interior hacia el bien. Son el aguijón que impulsa hacia adelante a todo aquel que experimenta su estímulo.

Somos Espíritus inmortales en marcha evolutiva. Utilicemos nuestra voluntad soberana para educar nuestras inclinaciones.

Cada desafío superado es una victoria, un peldaño más arriba, preparando nuestra alma para que un día, colmados de luz, podamos finalmente tocar las estrellas.

Redacción de Momento Espírita, con base en la pt. 3, cap. 14,
del libro
Vida e Valores - v. 4, ed. FEP, y en el cap. 5 del
 libro
Desperte e seja feliz, por el Espíritu Joanna de Ângelis,
 psicografía de Divaldo Pereira Franco, ed. LEAL.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 31.8.2026

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