Momento Espírita
Curitiba, 04 de Setembro de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone Gratitud y amor

Júlia y Nene se casaron muy jóvenes. Los años pasaron, los hijos llegaron y se fueron.

La vejez los alcanzó y, en el camino, la pareja se dio cuenta de que la edad, con todo lo que ella trae consigo, había llegado.

Un día, Nene salió a caminar y tardó mucho en regresar. Fue entonces cuando Júlia se dio cuenta de que su amado había perdido la claridad del razonamiento.

La senilidad lo había abrazado fuertemente. Aprender a convivir con esa nueva realidad exigió un gran esfuerzo.

Sin embargo, como el amor supera las dificultades, la pareja fortaleció sus lazos afectivos.

Pero, poco tiempo después, la meningitis afectó a Nene y su ya debilitada capacidad mental se perdió por completo.

Ella se sintió desamparada, abandonada por Dios, y no conseguía apartar de su mente la terrible pregunta: ¿Por qué nosotros?

Las sombras de la tristeza se posaron sobre el hogar. Nene ni siquiera podía caminar. Se había convertido en un ser extraño, totalmente dependiente.

Y Júlia derramó lágrimas amargas, dejando salir una inmensa  tristeza. Entonces, cuando se agotaron aquellas perlas líquidas, tuvo una idea.

Pensó que, si volvía a embellecer la casa, quizás podría recuperar la alegría de vivir.

Decidió llamar al jardinero que años atrás había cuidado de su jardín. Y llegó el señor José, sencillo, vestido humildemente.

Con las manos llenas de callos  por el trabajo, pidió permiso para llevar al señor al balcón, donde podría verlo trabajar y contemplar cómo se transformaba el jardín.

Al final del día, le dijo a Júlia que tenía algunos conocimientos de masaje. 

¿Será que el podria  masajear los pies del doctor?

Muy reservada, ella se lo permitió, aunque no le encontraba demasiado sentido. Sobre todo porque no hubo reacción alguna por parte de su marido. Ella Imaginó que José pronto se cansaría y desistiría.

Para su sorpresa, José regresaba todos los días. Lo masajeaba y conversaba con él, le contaba historias antiguas, experiencias vividas con el señor. Hechos que ella jamás había conocido.

Y descubrió acciones bondadosas realizadas por su querido compañero: como aquella vez en que permitió que una familia, que debía ser desalojada de una hacienda recién adquirida, permaneciera allí durante algún tiempo.

Un tiempo que se prolongó hasta que todos los hijos crecieron y siguieron sus propios caminos.

También supo de aquella ocasión en que el señor llevó a la esposa del señor José al hospital y permaneció allí esperando hasta que el médico la atendiera.

Y cuando llevaba golosinas para los niños, cuando les daba dinero para el uniforme y para los útiles escolares...

Y José regresaba una y otra vez, cobrando únicamente por el trabajo de jardinería. Los masajes eran un regalo.

Con el paso del tiempo, Júlia observó que Nene seguía con la mirada el trabajo del jardinero y que este le devolvía la mirada.

Ambos habían desarrollado un lenguaje particular mediante el cual José comprendía que debía plantar las flores donde el señor le indicaba, allí, donde desde el balcón pudiera observar su crecimiento y el florecer de la belleza.

El jardín quedó terminado, pero continúa siendo cuidado por el señor José.

Un jardinero muy especial, que ahuyentó la tristeza sembrando flores en los canteros y en el alma de aquella pareja.

Sí, de donde menos lo esperamos, llegan las manos de Dios para esparcir esperanza y alegría.

A veces, a través de un jardinero sencillo, con un corazón lleno de gratitud y de amor.

Redacción de Momento Espírita, basada em
 un hecho narrado por Shou Wen Allegretti.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 3.9.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998