Momento Espírita
Curitiba, 04 de Setembro de 2026
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ícone El mundo gira

Hay días en que todo parece estar en su lugar, como si nada fuera a cambiar. Las personas, los hábitos e incluso las certezas nos tranquilizan.

Sin embargo, de repente, algo cambia y el corazón se desorienta. El mundo gira y, con él, también giran nuestras experiencias.

Lo que tiene que llegar, llega, aunque no sea en el momento que esperamos.

A veces, lo que surge no viene como respuesta, sino como desafío, trayendo oportunidades de aprendizaje y crecimiento.

La vida no se equivoca en los caminos que nos presenta. Incluso cuando no comprendemos, hay un propósito en cada encuentro, reencuentro y despedida.

Quien tiene que irse... se va, aunque queramos retener, aferrarnos. Hay despedidas que duelen, silencios que resuenan y ausencias que pesan.

Pero quien parte no representa una pérdida definitiva. Es solamente la vida reorganizando espacios, retirando a quien cumplió su función para que otro desafío pueda instalarse.

Recordamos a una familia que, durante mucho tiempo, no consiguió aceptar una ausencia. Todos los días, a la hora de las comidas, un lugar permanecía preparado.

El plato, el vaso, la silla. Todo como si aquella persona fuera a regresar. El silencio de aquel espacio decía más que cualquier palabra. Era el amor intentando negar la partida.

El tiempo pasó. El lugar continuaba intacto. No por falta de coraje, sino por exceso de saudade.

Entonces, alguien llegó suavemente y sugirió una nueva forma de sentir. No se trataba de olvidar. Era de transformar la ausencia en presencia interior. No era borrar el dolor, sino darle otro significado.

Poco a poco, la familia comprendió que el amor no está atado a la materia, que quien partió no dejó de existir, simplemente siguió adelante.

Y que continuar viviendo era también una forma de honrar el afecto. El lugar en la mesa dejó de ser un vacío. Pasó a ser memoria viva, gratitud y saudade que reconforta.

*

El afecto verdadero no se pierde. Los lazos reales se mantienen, aunque cambien de forma. Lo que ya no encuentra lugar se despide. Porque la vida sabe, en silencio, ajustar los caminos.

Perdemos y ganamos a cada hora, incluso sin darnos cuenta. Sin embargo, no toda pérdida es una derrota, ni todo adiós es un final. Algunas despedidas son liberaciones necesarias. Otras son invitaciones a madurar. Y hay aquellas que nos enseñan a mirar la vida con mayor profundidad.

Es la vida renovándose, en constante movimiento. Somos nosotros creciendo con cada experiencia. Aunque el corazón todavía duela, algo dentro de nosotros cambia.

Y el Maestro Galileo nos dejó un consuelo que atraviesa los tiempos: No se turbe vuestro corazón.

Por lo tanto, no nos perturbemos ante los cambios que no podemos controlar. No nos desesperemos ante las partidas, porque nada sucede sin una finalidad.

Quien llega a nuestra vida trae aprendizaje, quien parte abre espacio. Quien permanece no puede ser dejado de lado.

El mundo gira. La vida sigue su ritmo perfecto. Tal vez haya nostalgia, tal vez exista silencio, tal vez permanezca el dolor.

Nos corresponde comprender que nada se pierde. Todo en nuestras vidas se transforma en experiencia, en memoria, en crecimiento. Y así seguimos, un paso a la vez, cada día.

Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 3.9.2026

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