El 8 de septiembre es el día dedicado a la patrona de la capital del estado de Paraná: Nuestra Señora de la Luz de los Pinares.
El origen de esta denominación se remonta al siglo XV y está relacionado con un portugués que vivía en la parroquia de Carnide, en Lisboa.
Nadie sabe con certeza cómo terminó prisionero y esclavizado en África. Lo que narran las tradiciones es que era devoto de María Santísima, a quien oraba diariamente.
Pero Martins comenzó a tener sueños con la Madre de Jesús, quien le hablaba de su regreso a la libertad, lo que finalmente sucedió.
Al encontrar, en su ciudad natal, cerca de una fuente, una imagen, que la identificó como la de la Madre celestial.
Y como había visto una luz misteriosa en el lugar donde se encontraba la estatua, le dio el nombre de Nuestra Señora de la Luz.
En la capital de Paraná, Curitiba, el culto incorporó una nueva denominación y surgió Nuestra Señora de la Luz de los Pinares.
Es verdaderamente increíble descubrir, cuando se habla de la Madre de Jesús, que posee más de mil cien títulos.
Van desde Madre Santísima, Virgen María, Reina del Cielo, Santa María, hasta denominaciones específicas de los lugares donde, según se dice, ella habría aparecido.
Así tenemos a Nuestra Señora de La Salette, Nuestra Señora de Fátima, Nuestra Señora de Guadalupe.
Según la tradición y lo registrado por diversos escritores, desde los primeros siglos el pueblo cristiano honra a María de Nazaret.
Posiblemente, una de las primeras denominaciones que recibió fue la de Madre Santísima.
Esto porque, en Éfeso, donde fue a vivir con Juan Evangelista, atendía a los enfermos de toda clase. Fue allí donde surgió de labios de uno de los atendidos, como expresión de gratitud: Eres nuestra Madre Santísima.
Imaginemos cuántos de aquellos que sentían saudades de Jesús, acudían a ella para escucharla hablar de Su nacimiento, de Su infancia, de Su misión.
¿Qué mujer tuvo una misión mayor? Ser la madre del único ser perfecto que la Tierra ha recibido: nuestro Maestro y Señor.
Recordamos su ejemplo de madre abnegada, que entrega a su hijo al mundo para que Él cumpla la misión para la cual había venido.
Ella conocía las Escrituras. ¡Cuántas veces se habrá sobresaltado su corazón ante las noticias que le llegaban acerca de los enemigos de la Buena Nueva!
De aquellos que afirmaban querer apresarLo, de aquellos que decían que Él no era más que un loco. ¡Cuántos dolores habrá soportado aquel corazón materno!
Sin mencionar el terrible dolor de presenciar, durante seis horas, la agonía de su hijo amado, martirizado en la cruz.
Nuestra madre, madre de toda la humanidad. Jesús nos la entregó en Sus últimas horas de vida.
Hijo, he ahí a tu madre.
No importa cómo la llamemos. Su mayor título es haber sido la Madre de Jesús.
Y su misericordia se extiende a todo el rebaño de Su hijo.
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Por lo tanto, en este día, más que nunca, oremos a ese Espíritu de elevada grandeza moral para que bendiga esta Tierra.
Tierra de los pinares. Tierra de Brasil. Tierra del mundo.
Que la dulce Madre de Jesús se apiade de las madres que sufren, de aquellas que pierden a sus hijos a causa de los vicios y de la criminalidad.
Que ella bendiga a todos los que padecen. También a quienes la alabamos con canciones, poesías y representaciones.
Que ella escuche nuestras oraciones de gratitud, Señora de la Luz. Tierna Madre de Jesús.
Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 9.9.2026