Momento Espírita
Curitiba, 15 de Setembro de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone Vaso medio lleno

Seguramente ya hemos escuchado algo relacionado con la analogía del vaso medio lleno o medio vacío.

Es común que identifiquemos la actitud de ver el vaso medio vacío con el pesimismo, mientras que ver el vaso medio lleno se atribuye a los optimistas.

La comparación no es antigua. Los registros muestran que la expresión comenzó a utilizarse a mediados del siglo XX, inicialmente haciendo referencia a tanques de combustible.

Poco después se habló de una botella y, posteriormente, de un vaso, cuando un economista afirmó finalmente que un optimista es aquel que mira el vaso y lo ve medio lleno.

La analogía es inteligente, pues se refiere a la manera en que cada uno elige contemplar una misma realidad, el mismo vaso, la misma cantidad de líquido.

Esto habla de cómo somos o de cómo nos encontramos en determinado momento.

La filosofía ha abordado estas cuestiones con gran maestría.

Desde la perspectiva de algunos pensadores, como el filósofo Epicteto, la realidad se divide entre aquello que podemos controlar y aquello que no podemos controlar.

De esta manera, mirar la mitad llena significa concentrarnos en el dominio de nuestra propia mente y hacerle comprender que hay agua para beber.

El Espiritismo, por su parte, nos presenta un optimismo maduro, sin una visión fantasiosa y sin ocultar la realidad.

Ante un mundo difícil, la Doctrina de los Espíritus nos enseña, por ejemplo, que el mal es transitorio.

Nos enseña que ser optimistas no significa cerrar los ojos ante el lodazal, ante el lado difícil de la vida, sino tener la sensibilidad para percibir que el agua corre cantando a través de los obstáculos; es decir, que, a pesar de todo, las dificultades nos enseñan a crecer.

El optimismo es estímulo para el trabajo, vigor para la lucha, salud para las enfermedades del paisaje espiritual y luz para las densas tinieblas que se prolongan en una victoria momentánea.

Algunos nos acostumbramos tanto a lamentarnos por el vaso medio vacío que olvidamos que ¡hay agua! Y que podemos beberla. Olvidamos agradecer por ese líquido salvador que está a nuestra disposición.

Por eso, de nada sirve vivir lamentándonos, resaltando tristezas y desencantos, viendo únicamente aquello que nos falta.

Necesitamos ver lo que tenemos, lo que ya hemos conquistado, sabiendo que la existencia es una oportunidad única, no porque tengamos una sola encarnación, sino porque esta oportunidad, tal como está organizada, de la manera en que se ha configurado para nosotros, no volverá a repetirse.

Vivir siempre esperando aquello que todavía no tenemos es una trampa letal que agota nuestras fuerzas y termina siempre en frustración.

*

El verdadero optimismo se fundamenta en la fe inquebrantable en las leyes divinas.

Quien sabe que el Padre gobierna el universo no se desespera ante la niebla pasajera de la tarde.

El pesimismo es una deserción del deber de ser feliz. Sonreír ante el obstáculo es un acto de valentía que atrae el auxilio de lo Alto.

Agilidad ante las dificultades. Calma frente a los desafíos. Ya somos lo suficientemente maduros para comprender los acontecimientos y extraer de ellos lo mejor posible.

Así, la próxima vez que miremos un vaso con agua y tengamos que hacer nuestra elección, pensemos bien y bebamos el agua que la vida nos ofrece, con gratitud y disposición para seguir adelante.

Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 10.9.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998