Momento Espírita
Curitiba, 23 de Setembro de 2026
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ícone Roca viva

La piedra es algo que, generalmente, nos remite a pensar en aquello que incomoda. Pensamos en la rigidez, en la frialdad, en aquello que no tiene vida y que nos lastima o nos impide avanzar.

Cuando deseamos expresar que algo está creando una dificultad para alcanzar un objetivo, decimos que hay una piedra en el camino.

Sin embargo, Jesús, el mayor intérprete de almas que ya pisó la Tierra, contemplaba las cosas de una manera diferente. Para Él, una piedra no era solamente un obstáculo. Podía ser un cimiento.

Donde habitualmente vemos algo duro e inflexible, el Maestro veía firmeza, base segura, fundamento para construir una casa que los vientos no pudieran sacudir ni la tempestad derribar.

Y fue utilizando precisamente esa imagen que miró a un pescador impulsivo, lleno de defectos, y lo llamó roca viva de la fe.

¿Por qué precisamente Pedro, entre los doce?

Si nosotros tuviéramos que elegir a alguien para ser la roca de un proyecto mundial, quizá buscaríamos a la persona más perfecta, inquebrantable y culta.

Jesús eligió a Simón Pedro. Un hombre que tenía miedo, que se hundió en el agua cuando dudó, que cortó la oreja de un soldado en un arrebato de ira y que, en la hora más difícil, Lo negó tres veces.

¿Por qué, entonces, llamarlo roca? Porque Jesús no estaba mirando al Pedro de aquel momento. Miraba el potencial de aquel Espíritu.

Una piedra, antes de convertirse en el cimiento de un templo, de un edificio, recibe golpes, es tallada y pierde sus aristas. Los dolores y los errores de Pedro fueron el cincel que eliminó el exceso de orgullo e impulsividad, revelando la roca fuerte que existía debajo.

Prestemos atención al adjetivo que Jesús atribuye a la roca: viva. Una roca muerta es la rigidez, la dureza de las reglas sin amor.

Una roca viva, en cambio, es firme en sus convicciones, pero palpita de compasión. Sostiene a los demás. Sabe adaptarse para acoger.

Pedro se convirtió en esa roca viva. Después de la partida de Jesús, fue él quien sostuvo a los primeros cristianos, apaciguó disputas y entregó su vida por el mensaje.

*

La historia de Pedro es nuestra historia. ¿Cuántas veces nosotros también prometemos hacer lo imposible por Jesús en nuestras oraciones y, poco después, tropezamos, negamos nuestros valores y nos hundimos en el mar de nuestras propias dudas?

¿Cuántas veces afirmamos que Lo seguiríamos en todo momento y, sin embargo, ante mayores dificultades, Lo negamos? Es decir, nos sentimos débiles, olvidando que Él continúa con nosotros.

Aun así, el Maestro sigue llamándonos para que seamos piedras de construcción. Confía en nuestra capacidad de transformación.

Cada vez que elijamos perdonar en lugar de devolver la ofensa, estaremos siendo roca viva. Cada vez que mantengamos la esperanza cuando todo salga mal, estaremos demostrando nuestra firmeza.

Que podamos convertirnos en roca viva, cimiento seguro y amoroso en la vida de aquellos que caminan a nuestro lado.

Que podamos ser considerados dichosos por trabajar juntos y unir nuestros esfuerzos, a fin de que el Señor, al llegar, encuentre terminada la obra que nos fue dada para realizar.

Redacción de Momento Espírita, con base
 en el cap. 124 del libro
Caminho, Verdade e Vida,
 por el Espíritu Emmanuel, psicografía de
 Francisco Cândido Xavier, ed. FEB.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 18.9.2026

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