En 1946, Jingyi ingresó a la Universidad de Qinghua. Ya en el primer día de clases, vio a Gu Da.
Mientras todos los jóvenes se disputaban la atención de la bella y dulce joven china, Gu Da permanecía solo, sentado en un rincón del salón.
Cierto día, él se enfermó de neumonía aguda. Como no había recursos hospitalarios en el campus de Qinghua, el médico le recetó algunas hierbas medicinales y dijo que alguien debía cuidarlo.
La joven se presentó como su prometida y consiguió un permiso especial del vicerrector para atenderlo.
Durante los cuatro años de universidad, se ayudaron mutuamente. Juntos ingresaron al entonces clandestino Partido Comunista. Juntos soñaron con una nueva vida, hijos y felicidad.
Con la fundación de la nueva China, fueron convocados al ejército. Era una época especial. El deber dictaba que las misiones debían cumplirse hasta el final.
Ella fue enviada a una base militar en el noroeste y él a una unidad del ejército en Manchuria.
Con los movimientos políticos de los años cincuenta, ella fue enviada a una región rural.
Perdió toda libertad de movimiento y de comunicación. Casi enloqueció de saudade por Gu Da.
Al regresar a su base militar, durante la campaña antisoviética, ella retomó su puesto, nueve años después. Y continuó buscando a su amor.
Supo que él había pasado por varias prisiones. Sin embargo, no lo encontró. Nunca perdió la esperanza y nunca se casó.
En 1994, fue invitada a la celebración del 83.º aniversario de la Universidad de Qinghua.
Al entrar en una sala, vio a un hombre de espaldas. Era su amado.
Su pulso se aceleró. Comenzó a temblar. Cuando se acercó para tocarlo, escuchó que él presentaba a su esposa y a sus tres hijas a alguien.
Ella se quedó inmóvil. Él se volvió y quedó paralizado al verla. Jadeó y le dijo a su esposa:
Esta... es Jingyi.
La esposa la conocía de nombre. Habían transcurrido cuarenta y cinco años. Los tres, conmovidos, permanecieron en silencio. Entre lágrimas, la esposa le dijo a Jingyi que Gu Da solo se había casado con ella después de haber sido informado de su muerte.
Supo entonces que Gu Da se llamaba ahora Gu Jian. En una de las prisiones en las que había estado, el líder de los guardias rojos tenía su mismo nombre. Por eso, cambiaron el nombre del prisionero.
Nunca más había logrado recuperar su antiguo nombre. Debido a eso, Jingyi no había podido localizarlo en ninguna parte.
Las hijas de Gu Da le dijeron a Jingyi que los ideogramas iniciales de sus nombres formaban una frase en homenaje a ella.
Según sus padres, era para que ella fuera siempre recordada en sus vidas.
Hubo un momento en que la esposa quiso dejarlos a los dos a solas, pero Jingyi la detuvo.
Por favor, no se aleje. Lo que tuvimos quedó en el pasado, cuando éramos jóvenes. Ahora, en el presente, ustedes tienen una familia completa.
Saber que Gu Da es feliz será un consuelo mucho mayor para mí.
Y, mientras todos se dirigían al salón para la reunión conmemorativa, ella se retiró.
Nunca más Gu Da ni su familia volvieron a verla. Ella desapareció de sus vidas para no empañar su felicidad.
*
El verdadero amor se reviste de renuncia. El verdadero amor supera su propio dolor y piensa, ante todo, en el ser amado.
El verdadero amor ama, por encima de todo, sin esperar nada a cambio.
Redacción de Momento Espírita, con base en el cap. 10
del libro As boas mulheres da China. de Xinran, ed.
Companhia das Letras.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 28.9.2026