Momento Espírita
Curitiba, 06 de Outubro de 2026
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ícone Abrazo de hijo

El abrazo de un hijo debería ser recetado por un médico.

Hay un poder de curación en el abrazo que aún desconocemos.

El abrazo cura el odio. El abrazo cura el resentimiento. Cura el cansancio. Cura la tristeza.

Cuando abrazamos, soltamos ataduras. Perdemos por unos instantes las cosas que nos han hecho perder la calma, la paz, el alma...

Cuando abrazamos, bajamos nuestras defensas y permitimos que el otro se acerque a nuestro corazón. Los brazos se abren y los corazones se cobijan de una manera única.

Y nada como el abrazo de un hijo...

Abrazo de Te amo. Abrazo de Qué bueno que estés aquí. Abrazo de Ayúdame.

Abrazo de oso. Abrazo de Hasta pronto. Abrazo de ¡Cuánta saudade!

Cuando abrazamos, la felicidad nos visita durante algunos segundos y no tenemos ganas de soltarnos.

Cuando abrazamos, somos más que dos, somos familia, somos planes, somos sueños posibles.

Y el abrazo de un hijo debería ser recetado por un médico, pues rejuvenece el alma y el cuerpo.

Los estudios ya muestran, con claridad, los beneficios de las expresiones de cariño para el sistema inmunológico, para el tratamiento de la depresión y otros problemas de salud.

El abrazo dejó de ser apenas una simple expresión de cordialidad o una convención para convertirse en vehículo de paz y símbolo de una nueva era de acercamiento.

Si la alta tecnología -mal aprovechada- nos alejó, es el abrazo el que volverá a unirnos.

Necesitamos abrazarnos más. Abrazos de familia, abrazos colectivos, abrazos divertidos, abrazos gratis.

Desaparece el ceño fruncido, quedan las sonrisas. Desaparece el desánimo, queda la voluntad de vivir.

El abrazo apretado nos levanta del suelo por unos instantes. Nos alejamos del suelo de las preocupaciones, del suelo de la incredulidad, del suelo del pesimismo.

Es posible amar de nuevo, sembrar de nuevo. Es posible renacer.

Y los abrazos nos hacen nacer de nuevo. Cerramos los ojos y, cuando volvemos a abrirlos, podemos ser otros, viviendo otra vida, eligiendo otros caminos.

Nada mejor que un abrazo para comenzar el día. Nada mejor que un abrazo de Buenas noches.

Y, sí, el abrazo de un hijo debería ser recetado por un médico, varias veces al día, en dosis homeopáticas.

Pero, si no podemos resistirnos a tal recomendación, nada nos impide algunas dosis únicas entre aquellas primeras, en situaciones de emergencia.

Un abrazo prolongado, regado por la lluvia de los ojos, de desahogo, de tristeza o de alivio.

Un abrazo sin hora para terminar, sin miedo, sin incomodidad.

Valioso medicamento, con admirables efectos secundarios para el alma en crecimiento.

*

Pero, si los brazos que deseamos abrazar están distantes, ¿o ya no están presentes aquí? ¿Qué hacer?

Aprendamos a abrazar con el pensamiento.

El pensamiento y la voluntad crean otros brazos, y nuestros seres amados se sienten abrazados por nosotros de la misma manera.

Son fuerzas que aún conocemos poco y que nos sorprenderán cuando las hayamos comprendido mejor.

Abrazos invisibles a simple vista, pero muy presentes y consoladores para los sentidos del Espíritu inmortal que somos todos nosotros.

Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 1º.10.2026

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