Momento Espírita
Curitiba, 06 de Outubro de 2026
busca   
no título  |  no texto   
ícone Estar preparado

Algunas personas parecen poseer el don de percibir posibilidades de peligro donde nadie ve nada.

Extrañamente, casi nunca se toman en cuenta sus advertencias. Son llamados tontos y se convierten en blanco de risas e ironías.

Cuando se cumple lo anunciado, lo único que queda es llorar, lamentarse por no haber tomado las medidas necesarias.

Una de esas personas obstinadas logró salvar a casi todos los empleados de una empresa que ocupaba 22 pisos de la torre sur del World Trade Center.

Se había convertido en director de seguridad a comienzos de la década de 1990.

Poco tiempo después de asumir el cargo, recorrió el estacionamiento subterráneo del complejo y quedó alarmado.

Estudió los accesos y alertó a las autoridades.

Un camión cargado de explosivos podría causar una tragedia. Nadie le dio importancia.

El 26 de febrero de 1993, exactamente en aquel estacionamiento, explotó un camión bomba. Seis personas murieron. Más de mil resultaron heridas.

Rick Rescorla había previsto el ataque. Y creía que aquel no sería el último.

Comenzó a defender una idea que muchos consideraban absurda. Según él, el próximo ataque probablemente vendría por aire.

Sugirió que la empresa abandonara las torres.

Ante la negativa, decidió hacer lo único que estaba a su alcance: preparar a las personas.

Fueron casi ocho años organizando cientos de simulacros de evacuación.

Los empleados descendían decenas de pisos por las escaleras, en filas organizadas, exactamente como lo harían en una emergencia real.

Rick cronometraba cada ejercicio. Corregía errores. Insistía en los detalles.

Los operadores de bolsa se quejaban del tiempo perdido. Los ejecutivos decían que aquello costaba millones de dólares y lo llamaban paranoico.

Cuando, en la mañana del 11 de septiembre de 2001, el primer avión impactó contra la torre norte, el sistema de sonido de la torre sur transmitió la orden de que las personas debían permanecer en sus oficinas.

Rick decidió ignorarla. Tomó su radio, su megáfono y ordenó que todos comenzaran la evacuación.

Exactamente como había enseñado durante años, los empleados bajaron por las escaleras en filas organizadas, repitiendo los procedimientos que muchos habían considerado innecesarios.

Dieciséis minutos después, el segundo avión impactó contra la torre sur. Gran parte de los empleados de Morgan Stanley se encontraba en las escaleras.

Los sobrevivientes contarían que, mientras conducía a miles de personas fuera del edificio, Rick cantaba para mantener a todos tranquilos. Para evitar el pánico. Para que nadie corriera.

Cuando casi todos estaban a salvo, en lugar de salir, se dio la vuelta y comenzó a subir nuevamente.

Quería asegurarse de que nadie hubiera quedado atrás.

Murió cuando la torre sur se derrumbó. Apenas 13 empleados de la empresa murieron aquel día. Uno de ellos fue Rick Rescorla.

Su tenacidad en los entrenamientos había salvado 2.687 vidas.

*   *   *

La preparación rara vez recibe aplausos. Casi nadie agradece por un desastre que nunca ocurrió. Pero, a veces, el verdadero heroísmo consiste precisamente en eso: estar preparado antes de que el mundo se dé cuenta de que necesitaba estarlo.

¿Hasta cuándo continuaremos sin prevenir tragedias que pueden evitarse?

Redacción de Momento Espírita, con narración
 de un hecho de la vida del inglés Rick Rescorla
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 5.10.2026

© Copyright - Momento Espírita - 2026 - Todos os direitos reservados - No ar desde 28/03/1998