Momento Espírita
Curitiba, 17 de Outubro de 2026
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ícone Cuando sangra el corazón

Hay dolores que no dejan marcas visibles en la piel, pero que hieren profundamente el alma. ¿Qué hacer cuando sangra el corazón por la cortante indiferencia?

Cuando sintamos amenazadas nuestras fuerzas, recordemos a los héroes de la humanidad. Aquellos que libran las verdaderas batallas en el bien poseen un código de honor inquebrantable: toda persona es importante.

En los rescates heroicos, en los escenarios donde la vida corre peligro, el verdadero soldado sabe que no se deja atrás a un compañero herido.

Si los hombres de bien en la Tierra ya comprenden esta fraternidad, ¿qué dirá entonces el Gobernador de nuestras almas?

Busquemos inspiración en el Maestro de Nazaret. Jesús, el mayor líder y psicólogo que la Tierra haya conocido, nos dejó la directriz insuperable:

Amaos los unos a los otros, así como yo os he amado.

Él amó sin exclusiones, sin cancelaciones. Jamás relegó a nadie al abandono.

Recordemos a Judas Iscariote. El discípulo que, por falta de vigilancia, engañado por las sombras, entregó al Maestro.

Sin embargo, tan pronto como Jesús despertó de Su agonía en el madero, descendió a las regiones de profundo sufrimiento del mundo invisible para buscar al amigo extraviado.

Lo envolvió en compasión, amparándolo en su desesperación, y le propuso la bendita rehabilitación de su error, mediante nuevas oportunidades de servicio.

Pensemos en Simón Pedro. El pescador, atemorizado, negó a Jesús tres veces. Pero Cristo no lo ignoró.

Al regresar, victorioso sobre la muerte, fue a buscarlo. No le hizo reproches, no lo humilló. Solamente le preguntó por su amor y reafirmó su confianza: Apacienta mis ovejas.

Pedro, a partir de entonces, sería el valeroso conductor de aquellas almas, la roca viva en la que se apoyaría la Buena Nueva.

Ampliemos aún más nuestra reflexión, buscando en la figura emblemática de Saulo de Tarso la culminación de esa divina pedagogía. Saulo era el verdugo, el implacable perseguidor de los primeros seguidores de Cristo.

Respirando amenazas, arrastraba a hombres y mujeres a las prisiones, sembrando llanto y terror. A los ojos humanos, sería el candidato perfecto para ser desterrado y definitivamente excluido. Pero ¿cómo actuó el Amor que no desampara?

En un día radiante, en los polvorientos caminos que conducían a Damasco, Cristo fue a buscarlo. Rodeado de una luz deslumbrante, Jesús no envió emisarios. Fue personalmente al encuentro de aquel corazón equivocado.

Al envolverlo en Su claridad magnánima, el Maestro rescató a Saulo de las tinieblas de su propio orgullo, reconduciéndolo hacia la grande y sublime tarea para la cual, de hecho, él había renacido: difundir el Evangelio por el mundo.

Aquel que transformó al perseguidor en apóstol es el mismo que hoy acoge las lágrimas de cualquier corazón herido, garantizando que, en el reino de Dios, todo trabajador es valioso, por pequeña que sea su tarea ante la grandiosidad del mundo.

Donde los hombres levantan muros de silencio, la Providencia Divina construye puentes de misericordia.

Continuemos ofreciendo lo mejor de nosotros. Nadie que camine haciendo el bien ha sido retirado su nombre del libro de los cielos, que registra a los benefactores anónimos para que, cuando alguien necesite apoyo, sea accionado a prestar el auxilio necesario.

Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 13.10.2026

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