Mantener una relación saludable y en armonía no sucede por casualidad. Exige una verdadera guía de convivencia diaria, construida con amor, tolerancia y buen juicio.
La Espiritualidad nos presenta directrices fundamentales que funcionan como un verdadero manual de buenas maneras para las parejas.
El primer punto de ese manual es reconocer que la persona con quien nos casamos es un Espíritu único, con ideas, tendencias y un camino evolutivo propio.
Ella no es una extensión de nuestro ego y no tenemos derecho a moldearla a nuestra imagen.
Dentro del hogar, la verdadera gentileza exige que nunca abandonemos al otro en sus luchas diarias, con la excusa de que las tareas de uno y de otro son diferentes.
Si nuestro cónyuge tiene un sueño, un proyecto, seamos su mayor apoyo. Empeñemos esfuerzo y cariño para que sus esperanzas se hagan realidad.
Otra regla de oro es preservar la confianza mutua.
Apartemos del diálogo cualquier asunto que pueda generar dudas o enturbiar la confianza mutua.
Esto significa desterrar definitivamente los celos obsesivos y nunca asumir compromisos fuera del hogar sin antes consultar y escuchar la opinión del otro.
El verdadero amor no prescinde de la cortesía, la afabilidad, la discreción y el respeto.
Muchas parejas caen en el error del descuido en el trato cotidiano, simplemente porque llevan años de convivencia.
No perdamos la delicadeza. Valoremos y aceptemos la importancia de la intimidad y de la relación sexual en la vida de la pareja, respetando las etapas y adaptaciones por las que esa relación atraviesa a lo largo del tiempo.
El aspecto material también exige cuidados.
Evitar el despilfarro y adaptarnos con madurez a la realidad económica que vivimos actualmente es una actitud de respeto hacia el hogar.
Evitemos discusiones inútiles por cuestiones de dinero, comprendiendo que la verdadera riqueza comienza en la armonía doméstica.
En la vida social, respetemos las amistades del otro y sepamos convivir con espíritu de cooperación ante los problemas que surjan en nuestras familias.
Suegros, suegras, cuñados y cuñadas son también compañeros de esta gran jornada reencarnatoria.
Si tenemos hijos, tratémoslos con equilibrio, sin reducirlos a la condición de muñecos o cosas de nuestra propiedad.
No obliguemos a nuestros hijos a seguir carreras o hábitos únicamente para satisfacer nuestro orgullo. Ellos necesitan ejemplos vivos, diálogo sincero, y no castigos ni caprichos satisfechos.
Recordemos que el matrimonio es una escuela divina.
Cuando unimos nuestros pasos, trazamos juntos, antes de reencarnar, un programa de trabajo y de renovación íntima. Cuando surjan las dificultades, enfrentémoslas juntos.
Evitemos alterar ese maravilloso plan de servicio con separaciones precipitadas e innecesarias, que solamente aplazan el proceso de crecimiento.
Sigamos adelante, con mansedumbre, diálogo y amor.
El matrimonio es la luminosa oportunidad que las leyes de Dios nos ofrecen para cambiar la trayectoria de nuestras almas y construir, paso a paso, la verdadera felicidad del mañana.
Redacción de Momento Espírita, con base en el
cap. 9 de la obra Sol nas almas, por el Espíritu
André Luiz, psicografía de Waldo Vieira, ed. CEC.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 15.10.2026