Momento Espírita
Curitiba, 22 de Outubro de 2026
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ícone El dolor de la ausencia

El dolor de la ausencia suele tener el peso de los momentos que dejamos de compartir. Cuando alguien a quien amamos parte hacia la patria espiritual, la casa del alma enmudece y el llanto revela el amargo sabor del arrepentimiento.

Es el lloro doloroso de quien tuvo la preciosa oportunidad de compartir cosas bellísimas con aquel ser querido, pero permitió que el ilusorio ajetreo de los días le robara el tiempo que ya no volverá.

¿Cuántas veces la invitación, hecha con una sonrisa entusiasta, para realizar otro viaje por los caminos polvorientos recibió una respuesta negativa?

Evitamos acompañarlo por caminos sencillos, perdiendo la alegría de admirar, en su compañía, el espectáculo incomparable de la puesta del sol.

O un cielo cuajado de estrellas en medio del campo, lejos de las luces de la ciudad.

Dejamos de contemplar juntos la línea indefinida del horizonte, allá donde las montañas parecen agujas deseosas de atravesar el cielo azul.

Una poesía tan diferente de la playa, donde el horizonte está definido con claridad y precisión por el encuentro entre el cielo y el mar.

En la playa, la inmensidad es una línea continua. En la montaña, es el deseo de la Tierra de tocar lo divino.

¡Qué bendición habría sido presenciar ese encuentro tomados de la mano!

Ahora quedan los ecos de las llamadas telefónicas, de los mensajes de WhatsApp y el brillo frío de las fotografías en el celular.

Imágenes de lugares maravillosos que él visitó, paisajes que admiró y que contemplamos con los ojos llenos de lágrimas, deseando haber estado allí para compartir el mismo encanto.

La Doctrina Espírita nos consuela al enseñar que la muerte no es el fin, sino apenas un cambio de domicilio del alma. Aquel que partió continúa vivo en otra dimensión y no es insensible a nuestros sentimientos.

Por eso, el remordimiento no debe convertirse en una cadena que paralice el corazón, sino en una invitación al despertar espiritual.

Si la oportunidad de caminar juntos en la vida material pasó, el tiempo del amor y de la comunión permanece intacto. El arrepentimiento sincero puede transformarse en la oración afectuosa del presente.

El pensamiento, fluído intangible del alma, atraviesa las dimensiones y alcanza al ser amado dondequiera que se encuentre, envolviéndolo en un abrazo de paz y una petición de perdón.

Que las lágrimas provocadas por la saudade  nos enseñen a no seguir postergando la convivencia con aquellos que todavía caminan a nuestro lado.

Que desaceleremos nuestros pasos, aceptemos las invitaciones y jamás rechacemos la oportunidad de contemplar lo bello junto a quienes amamos.

Miremos a nuestro alrededor y disfrutemos cada minuto precioso de la vida con nuestros seres queridos. Aprendamos a elegir lo primordial, lo más importante.

Entrelazar las manos, apoyar la cabeza en el hombro del otro, acompañar los esfuerzos de quien desea alcanzar el reconocimiento en las ciencias, en las artes o en algún torneo deportivo.

Estemos presentes, sonriendo, animando, gritando el nombre del ser amado para que sepa que estamos vibrando de emoción. Que hemos dejado nuestras ocupaciones habituales para estar allí.

Porque él, hijo, cónyuge, amigo, es importante. Muy importante para nuestro corazón.

No dejemos para después, las palabras que terminaríamos pronunciando ante lápidas frías o en tristes despedidas.

Este es el mejor día para estar con quienes amamos.

Redacción de Momento Espírita
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 19.10.2026

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