Momento Espírita
Curitiba, 26 de Outubro de 2026
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ícone La red y los peces

Las parábolas de Jesús son códigos de luz que esperan ser descifrados. Poco a poco, a medida que adquirimos mayor conocimiento, vamos comprendiendo su esencia.

Una de las más impactantes es la parábola de la red.

El reino de los cielos es semejante a una red. Lanzada al mar, reúne peces de toda especie y, una vez llena, se separan los buenos en cestos y se desechan los malos.

Así será en el fin del mundo: los ángeles separarán a los malos de entre los justos, arrojándolos al horno del sufrimiento, donde habrá llanto y rechinar de dientes.

Esta imagen parece demasiado severa, razón por la cual nos corresponde buscar el espíritu más allá de la letra.

En primer lugar, tengamos presente que ese fin del mundo no es la destrucción del planeta, sino el fin del viejo mundo, de las antiguas costumbres y el advenimiento de una nueva etapa, que abre un nuevo programa de vida.

La red representa la ley suprema que atrae a todos, y los ángeles son los Espíritus superiores encargados de esa depuración moral.

Una advertencia que debemos considerar es que no basta con conocer, es necesario practicar. ¡No basta con estar en la red, es indispensable ser bueno!

Muchos exigimos lealtad, pero no la practicamos. Clamamos por indulgencia sin ser indulgentes. Predicamos la humildad, pero buscamos los primeros lugares.

Si permanecemos en la penumbra de la vanidad, no seremos seleccionados para los cestos de la nueva generación.

El Espiritismo deja clara la justicia de Dios, eliminando el carácter sobrenatural del Más Allá y revelando la certeza de la vida futura.

La reencarnación explica las anomalías de nuestra jornada, mostrando que cada uno renace según lo que sembró anteriormente.

Dios no creó privilegios ni privilegiados. Todos fuimos creados simples e ignorantes, con la misma esencia y el mismo destino.

Quienes practicamos el mal demostramos ser Espíritus rezagados, que deberemos perfeccionarnos, depurándonos en el horno del dolor de los mundos inferiores.

La razón rechaza las penas eternas. Las puertas del arrepentimiento y de la reparación nunca se cierran.

Por la ley de los renacimientos, los lazos familiares dejan de ser carnales y se convierten en verdaderas uniones, solidarias en el pasado y en el futuro.

Ante todas estas reflexiones, nos corresponde preguntarnos, dentro de esa red de la parábola del Maestro, ¿qué tipo de pez somos en este momento presente?

¿Somos el pez distraído, preocupado únicamente por nuestras propias cosas?

¿Somos el pez que comprendió la importancia del bien, pero que solamente lo predica con palabras? O, finalmente, ¿somos aquel que se esfuerza por ser bueno cada día?

¿Qué clase de esfuerzos hemos realizado? ¿O hemos exigido cambios solamente a los demás? ¿Hemos pensado únicamente en nosotros mismos, egoístamente, o ya hemos conseguido tener una visión de todo el cardumen?

La renovación del mundo no se realizará mediante un milagro del cielo. Solamente se concretará a través de la transformación interior de quienes nos reunimos en nombre del amor.

Serenemos nuestros pensamientos y abramos el corazón al mañana. Realicemos hoy nuestro trabajo de evolución, sabiendo que la verdadera caridad es el único camino seguro en la jornada de la eternidad.

Redacción de Momento Espírita, con base
 en la
Parábola de la red, del libro Parábolas e
 ensinos de Jesus, de Cairbar Schutel, ed. O Clarim.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 26.10.2026

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