Momento Espírita
Curitiba, 06 de Novembro de 2026
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ícone Todo resurge y brilla

No llores por quien parte, cuando su faena termina...

Más allá del sepulcro comienza otra senda...

La naturaleza, en todo, es una sublime promesa,

¡Todo resurge y brilla ante la gloria divina!...

*

Estos versos sublimes de Constâncio Alves son una verdadera canción de esperanza para nuestros días de saudade.

Traducen la enseñanza de Jesús: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Para serenar el corazón, es imprescindible comprender la muerte no como una extinción, sino como una actividad transformadora de la propia vida.

Espiritualmente hablando, solamente conocemos una forma temible de muerte: la muerte de la conciencia oscurecida por el mal, torturada por el remordimiento o paralizada en los precipicios que bordean el camino de la insensatez y del crimen.

Esa sí es la verdadera muerte del alma, que se encarcela en las sombras de sus propios desatinos.

Fuera de eso, ha llegado el momento de reconocer que todos estamos vivos en la Creación eterna.

Debido a que este conocimiento tarda en arraigarse en nosotros, cometemos grandes errores ante la muerte de nuestros seres queridos.

Por esa razón, la teología creó cielos e infiernos artificiales, rechazando la lógica reencarnacionista.

Algunas personas se aferran a la letra, creyendo que el cuerpo material -apenas una vestimenta temporal- deberá resurgir de los sepulcros.

Y otras ven a los Espíritus como fantasmas de laboratorio, vagando indefinidamente por el espacio.

Quienes pasan por el sepulcro continúan trabajando y aprendiendo en las moradas del Más Allá.

Allá, al igual que aquí, solamente existe desorden para quien lo provoca y equilibrio para quien trabaja por el bien.

En la superficie de la Tierra o más allá de sus límites, permanecemos invariablemente vivos.

Los desencarnados no son magos ni adivinos destinados a satisfacer curiosidades.

Son hermanos de jornada que continúan en la lucha por su propio perfeccionamiento.

Tuvieron su tiempo en la encarnación actual y ahora continúan desarrollando sus planes individuales en otra dimensión.

Pueden permanecer en ese estado durante poco o mucho tiempo, pero, tan pronto como sea necesario, planifican un nuevo regreso, tal como lo hicieron anteriormente.

Recordemos que vivimos algo semejante aquí mismo, en nuestro planeta, cuando parte de la familia reside en otro continente; cuando hermanos, hijos o amigos queridos afrontan el desafío de un empleo o un largo período de estudios fuera del país.

Hay quienes se trasladan para recibir tratamientos específicos de salud y también quienes encuentran a su nueva familia al otro lado del océano.

El amor no conoce distancias y se convierte en un puente de luz sobre todos los abismos del camino.

Nadie muere. Nadie desaparece. Solamente entramos en diferentes etapas de la vida del Espíritu, que es mucho más amplia que ésta que llamamos existencia.

Todos nosotros ya hemos pasado por ello anteriormente. Confiemos en las fuerzas de la Providencia Divina.

La naturaleza, en todo, es una sublime promesa.

¡Todo resurge y brilla!

Todo en Dios tiene un significado mucho mayor de lo que muchas veces podemos comprender. O incluso imaginar.

La razón y el corazón nos señalan: la muerte no existe. Los muertos viven. El amor perdura para siempre.

Redacción de Momento Espírita, con base en el poema
 Os mortos vivem, del libro Estrelas no chão, de diversos
 Espíritus, psicografía de Francisco Cândido Xavier, ed. GEEM,
 y en el capítulo 42 del libro Pão nosso, del Espíritu
 Emmanuel, psicografía de Francisco Cândido Xavier, ed. FEB.
Traducido por el Grupo Momento Espírita de Colombia
El 3.11.2026
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